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Cristina Forner: "Marqués de Cáceres nació para hacer más competitivo el vino riojano"


La hija del fundador y actual presidenta de la emblemática bodega de Cenicero resume las claves de su trayectoria en el 50 aniversario de la firma
Marqués de Cáceres, la bodega fundada en 1970 por Enrique Forner en Cenicero (Rioja Alta), celebra este año su 50 aniversario. Una trayectoria tan extensa merece un festejo por todo lo alto, y los correspondientes honores por parte del sector, considerando su liderazgo entre las marcas de Rioja con mayor presencia en los mercados de exportación (140 países y ventas estimadas en torno a 50 millones de euros). Pero la onomástica no debería llevar al engaño, porque aún cuando la compañía haya cumplido diez lustros y porte un ostentoso nombre nobiliario -al estilo de las bodegas vecinas, algunas más que centenarias-, Marqués de Cáceres no es un clásico de Rioja.
Más bien al contrario. Llegó a la ilustre D.O.Ca. para revolucionar un panorama que a finales de la década de los 60 todavía estaba anquilosado en vinos «atejados, sin mucha estructura, añejados en barricas viejas...». Así lo cuenta Cristina Forner (Saint-Aignan-sur-Cher, Francia, 1953), que desde 2007 preside la bodega que creó su padre. Mujer carismática y empresaria sagaz, sus rasgos tienen que ver con su trayectoria vital: nació en el valle del Loira, en el seno de una familia que vivió los sinsabores del exilio tras la Guerra Civil española antes de incorporarse al negocio vinícola en Francia, primero como négociants en Corbières (valle del Ródano) para luego adquirir dos châteaux en Burdeos: Château Camarsac y Château Larose Trintaudon. «Mi padre, sin embargo, siempre mantuvo negocios en España, y viajaba continuamente a Castellón y Benicassim».
¿Cuál es su recuerdo de los primeros pasos que dio para montar Marqués de Cáceres?
Yo era muy joven, estaba por iniciar mis estudios universitarios en Burdeos, pero recuerdo que él tenía mucha fe en el potencial vinícola de Rioja y ya en 1968 visitó la región con el famoso enólogo Émile Peynaud, con quien realizó unos primeros ensayos. Dos años después adquirió los terrenos donde construiría la bodega en Cenicero y empezó a negociar con los viticultores del lugar.
¿Cuál era la visión vinícola que Enrique Forner llevó a Rioja?
Su criterio y los métodos que introdujo causaron en la región un considerable revuelo, porque rompían con el modelo clásico de elaboración: apostaban por el viñedo viejo y la selección de racimos, exigían separar la uva blanca de la tinta, prolongaban las maceraciones e introducían la crianza en barricas nuevas de roble francés.
No habrá sido fácil convencer a los viticultores riojanos para que se sumaran a una revolución de tan claro cariz bordelés...
La influencia bordelesa era evidente, pero no se trataba de imitar el modelo de los grandes châteaux, sino de modernizar el vino riojano y hacerlo mejor y más competitivo. Hay que entender que entonces Rioja era más pobre que hoy y mi padre tuvo que ser muy convincente para que los viticultores cambiaran las reglas de juego, aceptando vendimiar en otras fechas e introducir nuevas técnicas. Muchos de los que apostaron por el cambio hoy también son accionistas de Marqués de Cáceres.
¿Y el Marqués de Cáceres también lo es?
Pues no. Es un aristócrata valenciano, amigo de uno de nuestros accionistas, que en principio nos cedió el nombre a cambio de royalties, pero a quien al final acabamos comprando la marca.
¿Cómo se sumó usted a la aventura?
En 1983, mi padre me propuso incorporarme a la empresa; yo vivía entonces en París y el traslado a Logroño supuso un auténtico shock. Pero a partir de 1984 me hice cargo de los mercados internacionales, que han sido nuestro fuerte porque hasta mediados de los 80 nos costó entrar en España. Hoy, el 50% de nuestras ventas son locales. En 2007, tras 14 años trabajando en exportación, mi padre se jubiló y yo asumí la presidencia. Hoy doy las gracias por esta oportunidad, también por haber superado las dificultades y por haber tenido el listón tan alto. Vamos a ver cómo lo hace la generación siguiente, que ya se está preparando.

1970 BOTELLAS POR 50 AÑOS

Para celebrar el primer medio siglo de la marca fundada por Enrique Forner, la bodega lanzará próximamente Marqués de Cáceres 50 Aniversario 2016, tinto elaborado a partir de racimos seleccionados de parcelas privilegiadas del entorno de Cenicero y San Vicente de la Sonsierra, de cuya vinificación se ha encargado el enólogo Fernando Gómez en 10 barricas sin fondo, con racimos enteros. De esta producción tan diferenciada se han embotellado apenas 1.970 unidades, cifra que coincide con el año de fundación de la bodega.