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España ante el choque de trenes de la cumbre clave: "En ningún caso vamos a ser los grandes perdedores"


"Es más fácil formar Gobierno en Bélgica que negociar el Presupuesto Europeo". La frase, medio en serio medio en broma, la soltó este jueves el primer ministro holandés, Mark Rutte, a su llegada al Consejo Europeo. Y aunque cueste creerlo, lleva toda la razón. Bélgica lleva en funciones desde diciembre de 2018 y son célebres los récords anteriores de negociaciones eternas. Sin embargo, las peleas por el dinero comunitario son siempre peores.
El pistoletazo de salida lo dio la Comisión Europea en mayo de 2018. Fue la 'Propuesta Calviño', pues la ahora ministra de Economía y vicepresidenta del Gobierno era la directora general de Presupuestos y la encargada de poner la primera cifra encima de la mesa: un Marco Financiero Plurianual del 1,11% de la renta nacional bruta de la UE, algo más de un billón de euros. Más de año y medio después, la pelea por unas pocas centésimas sigue abierta, y sólo ahora los jefes de Estado y de Gobierno se han encerrado en Bruselas para intentar desbloquear algo profundamente enquistado.Sin éxito en la primera noche.
No es algo nuevo ni especialmente dramático. Es verdad que estamos ante la negociación más difícil hasta la fecha, pues el Brexit ha prácticamente impuesto que el dinero disponible vaya a ser menor (en términos relativos) que antes. Pero los procesos son calcados. Las partes exageran, teatralizan, gritan mucho y llegan con posiciones maximalistas, pero acaban encontrando la forma de entenderse. Es probable que una cumbre no sea suficiente, ni aunque dure tres días, pero el compromiso siempre queda en algún punto intermedio. Los trámites, eso sí, pueden llevar todavía varios meses, en el mejor de los casos.
La coreografía estaba bastante clara. Por la mañana. Michel se vio con los que de verdad importan, Angela Merkel y Emmanuel Macron. Luego, con los 'cuatro frugales', Suecia, Dinamarca, Austria y Países Bajos, que van de la mano en esta guerra y están siendo muy agresivos en retórica y líneas rojas. Y luego con muchos otros. El español no estaba entre ellos.
Después hubo una ronda general, todos en la sala, para ver el estado de ánimo y la belicosidad. Y se interrumpió la sesión para una sucesión de encuentros cara a cara de muchas horas. "Altamente decepcionante", dijo Pedro Sánchez de la propuesta de partida al llegar al encuentro. "Es muy complicado", resumió la siempre cauta Merkel. "Vamos por el mal camino, el monto es demasiado alto", dijo la finlandesa Sanna Marin. "Más dinero para la PAC", avisó Macron. "Un incremento como el que nos piden está fuera de toda discusión", replicó el sueco Stefan Lofven.
Entre las delegaciones había un malestar visible. "Este sistema puede valer para la política belga pero no para un Consejo Europeo", explica un diplomático. A los líderes no se les puede convocar y después disolver y volver a llamar a consultas de madrugada, apuntan sus equipos. No es algo serio ni efectivo. "No sé si si Charles Michel es el hermano gemelo de David Copperfield", ironizó el luxemburgués Xavier Bettell, sugiriendo que un ilusionista o un prestidigitador con ases en la manga es muy necesario para las próximas manos.
Michel quería escuchar lo último, hacerles ver que cada opinión cuenta, y por eso escogió un sistema de rotaciones no por tamaño o peso político, sino en función de cuándo les corresponden las presidencias de la UE. Una fórmula conveniente porque Alemania y Francia eran de las primeras, y España poco después. Pero no fue eficiente. "No se puede hacer plenarios cuando todos están fuera", dice una fuente del Consejo.
Así que se espera un mensaje de Michel sobre las 02.00,puesto que las bilaterales van mucho más lentas de lo que ellos calculaban, y después que sherpas y técnicos se queden discutiendo el tiempo que haga falta, para que por la mañana los jefes de Estado y de Gobierno vuelvan frescos y con algo de sustancia sobre lo que trabajar. "De momento todo el mundo dice que no", reconocen desde el equipo del belga sobre las posiciones.

UN PROCESO DE MINERÍA Y PACIENCIA

En las primeras rondas nada pasó y nada se esperaba. Esta negociación es un trabajo de minería y paciencia, de arañar poco a poco, de combinar piezas y diseñar un puzle que no guste a nadie pero decepcione a todos por igual. Requiere tacto, alianzas rápidas y flexibles. "Se trata de ganar tiempo y puntos hasta que Alemania acepte el equilibrio", dice con cinismo una fuente comunitaria. "A los frugales se les puede llenar la boca de que tienen un mandato de su Parlamento, pero si se mueve Alemania van detrás", dice una fuente diplomática que sigue de cerca el proceso.
El objetivo de España es evitar, como sea, que los recortes de la PAC (un 13%) y los Fondos de Cohesión (12%) se queden así. "Estamos trabajando para que el recorte sea cero", explican fuentes de Moncloa. "En ningún caso vamos a ser los grandes perdedores, descartado 100%", prometen.
El encaje es muy complicado. Los frugales, con Alemania o Finlandia, quieren que se gaste menos en general. Y además, mantener los llamados 'rebates', los cheques compensatorios. El primero lo logró Reino Unido en 1984 y en el periodo actual, varios países los disfrutan de forma parcial. Son devoluciones a parte de sus contribuciones. Así, Dinamarca, Países Bajos y Suecia reciben 130, 695 y 185 millones de euros respectivamente (en preciso de 2011) que se deducen de sus contribuciones. Austria también, pero sólo hasta 2016. Alemania, Países Bajos y Holanda, además, reciben un descuento en las aportaciones del IVA, que es del 0,15% en lugar del 0,30%.
La propuesta del Consejo es que, sin Reino Unido en la UE, ese concepto muera poco a poco. Más de 20 países lo quieren también, pero los frugales se resisten. "Han dejado de tener sentido, es algo antiguo, una idea que distorsiona los pagos. La posición es que se tienen que ir desde el día 1", dicen desde Moncloa. Pero sobre todo que no se mantengan todo el periodo para que no se institucionalicen.
Francia quiere menos recortes en la PAC y más dinero en Defensa. Los del este, más fondos de Cohesión. Los bálticos, ayudas para la despoblación. La Comisión, y los más ricos, ir hacia partidas centradas en combatir el cambio climático o innovación. Visegrado, que no haya condiciones políticas (como respeto al Estado de Derecho) para recibir fondos. España, como dijo Sánchez, "más ambición" y recursos para "Cambio climático, educación, erasmus, la PAC, cohesión, el pilar social, garantía juvenil o de infantil", etc.
Todo es imposible. O se gasta más o se recorta de algún lado. Las posiciones, pese a la retórica, no están tan alejadas como parece. Los frugales no quieren un Presupuesto de más del 1,03% (contando ciertos fondos de desarrollo). El Consejo quiere el 1,074%. Modulando los 'rebates', los cheques de compensación que piden los más ricos, y ajustando las ayudas directas a los agricultores (lo que exige y necesita Sánchez con el campo en pie de guerra), puede haber algún entendimiento. Pero no todavía. "Esto es un arte, como la escultura. Partimos de un bloque de mármol y hay que ir quitando hasta darle forma. Es fatigoso y si se te va la mano un poco de un lado, te lo cargas todo. El resultado no es una obra de arte, pero merece la pena. Y no tenemos nada mejor", resume un negociador.