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Organización Mundial de la Salud (OMS) a pasar de alto a muy alto el nivel de riesgo de dispersión e impacto

La aparición de múltiples casos de la enfermedad del coronavirus en decenas de países ha llevado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a pasar de alto a muy alto el nivel de riesgo de dispersión e impacto de la enfermedad a nivel global. Por el momento, más de 50 estados han registrado casos de esta a enfermedad, de nombre COVID-19, 39 de los cuales estaban en España al caer la noche de este viernes.
Esta gran dispersión hace temer a los expertos que ya sea tarde para poder evitar la expansión del virus: «No creo que veamos la contención de la enfermedad, tal como muestra su dispersión, continua y global», explicó a ABC Yonatan Grad, epidemiólogo en la escuela de salud pública de la Universidad de Harvard (EE.UU.). Por tanto, añadió, «creo que debemos enfocarnos en la mitigación».

Sin embargo, el propio Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, dijo este viernes por la tarde que eso sería «un gran error», porque implicaría resignarse a la expansión del virus.
Las cifras del coronavirus alcanzaron este viernes por la noche un total de 83.310 casos confirmados (78.959 en China y 4.351 fuera) y 2.858 muertes (2.791 en China y 67 fuera). A la vez que ayer se registró en China el aumento de casos más bajo de todo el mes (329), se constató la llegada de personas infectadas a seis nuevos países, todas ellas con relación con el brote de Italia.
Pero todo apunta a que la dispersión del virus irá a más. De hecho, también este viernes, el portavoz de la OMS, Christian Lindmeier, reconoció que ya se ha contemplado y se ha avisado del riesgo de que el virus llegue «a múltiples países, si no a todos».

¿Ha llegado para quedarse?

«Es posible que el virus haya llegado para quedarse», explicó ayer a este periódico María Neira, directora de Salud Pública, Medio Ambiente y Determinantes Sociales de la Salud de la OMS. «Aunque todavía harán falta meses para saber si es así».
En opinión de José Antonio López Guerrero, virólogo de la Universidad Autónoma de Madrid, «el escenario más factible es que la virulencia del coronavirus vaya disminuyendo –poco a poco iría matando a menos personas– y que se vuelva pandémico y estacional». Tal como es la gripe.
En este mismo sentido ha coincidido Yonatan Grad: «Podría ocurrir que la COVID-19 se convirtiera en una enfermedad estacional. Pero todavía faltan por saber varias cosas para predecir si ese será el caso».

¿Será como una especie de gripe?

¿Qué implicaría esa estacionalidad? Fundamentalmente que el virus circularía sobre todo durante el invierno, y que no medraría en climas cálidos, como ocurre con la gripe, lo que es clave a la hora de determinar cuánto daño podría hacer en países tropicales.
Sin embargo, José Antonio López ha añadido que «hay un temor de que no ocurra este escenario y que el coronavirus mantenga su virulencia actual que, incluso siendo baja, en términos comparativos, provoque cientos de miles de muertes cada año a nivel global».
Según la OMS, el coronavirus ha provocado en China síntomas críticos en el 6,3% de los casos y ha conducido a la muerte al 3,8% de los infectados. Sin embargo, fuera de China, su letalidad rondaba el 0,7% fuera del país asiático a principios de esta semana. Para hacerse una idea de lo que esto supone, la gripe estacional tiene una letalidad media del 0,1% y la del ébola rondó una del 60 al 70% en la epidemia de 2014-2016.
Para saber qué ocurrirá, es necesario esperar e investigar: «Es crítico mejorar la infraestructura para diagnosticar y monitorizar los patrones de dispersión y el impacto de nuestras medidas para frenar la extensión del coronavirus», ha dicho Grad.
Mientras tanto las autoridades están trabajando en evitar la dispersión del virus: «Tratamos de frenar la entrada y la expansión de este virus para no tener cada año una nueva gripe. La gripe ya mata a mucha gente y no queremos que otro virus también lo haga», ha dicho María Neira.

Todavía se puede frenar

Por ahora, lo cierto es que no hay evidencias de una dispersión «libre» de este virus, según la OMS: «Lo que vemos en este momento son epidemias conectadas de COVID-19 en muchos países, pero la mayoría de los casos todavía se pueden rastrear hasta contactos conocidos en conglomerados de casos», dijo este viernes Tedros Adhanom Ghebreyesus.
Esto implica, por tanto, que todavía hay esperanza de frenar la epidemia. «Mientras este sea el caso, todavía tenemos oportunidad de contener a este coronavirus», dijo el director general de la OMS. «Siempre y cuando llevemos a cabo robustas acciones para detectar los casos de forma temprana, aislar y cuidar a los pacientes y seguir a los contactos», añadió.

De dónde vienen y cómo son los coronavirus?

China detectó 27 casos de una neumonía de origen desconocido el 31 de diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan, en la provincia de Hubei. El 7 de enero se identificó al causante, el virus SARS-CoV-2. Más tarde se puso nombre a la enfermedad que causa: COVID-19.
El SARS-CoV-2 pertenece al grupo de los coronavirus. Se trata de una familia de virus que lleva mucho tiempo circulando entre las personas y causando catarros (junto a otros virus). Sin embargo, algunos de los coronavirus que infectan a animales pueden contagiar a personas, mutar, y comenzar a transmitirse entre humanos. Entonces se convierten en virus emergentes, patógenos que amenazan con extenderse y generar una nueva enfermedad. Así ocurrió con las epidemias del SARS, en 2003, y del MERS, en 2012. Lógicamente, los virus emergentes son muy desconocidos y no tienen tratamiento o vacuna en un principio.
Según ha explicado José Antonio López Guerrero, los coronavirus son virus cuyo material genético está compuesto de ARN, como la gripe. Pero a diferencia de esta, los coronavirus no tienen tanta capacidad para recombinar su material genético y «generar vivos completamente nuevos», como sí hace la gripe. En consecuencia, son menos variables y más estables