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Puigdemont llama contra el Estado


Carles Puigdemont ha vuelto a demostrar hoy que conserva las riendas del separatismo y que cuenta con capacidad de movilización suficiente para continuar pilotando el proceso secesionista para disgusto de ERC.
Bajo el falaz argumento de que visitando Perpiñán ya ha regresado a Cataluña dos años después de declarar ilegalmente la independencia, el prófugo ha conseguido congregar a decenas de miles de feligreses -110.000, según las autoridades locales y más de 200.000, según los organizadores- en la localidad francesa, situada a sólo 30 kilométros de la frontera.


Las previsiones del presidente de la Generalitat depuesto en aplicación de la Constitución se han visto superadas, hasta tal punto que el inicio del acto ha tenido que retrasarse más de una hora después de que la afluencia de vehículos llegados desde Cataluña haya generado un colapso viario en la frontera francesa. A las 12 del mediodía, cuando la performance puigdemonista debía haber arrancado, se registraban retenciones de más de seis kilómetros entre la localidad gerundense de La Jonquera y la frontera gala. La autopista AP-7 ha quedado colapsada por los más de 600 autocares fletados por la ANC y los miles de vehículos particulares que han tomado rumbo hacia Perpiñán para participar de la ilusión de que el fugado de la Justicia estaba de vuelta en Cataluña, como prometió en la campaña electoral de las elecciones del 21-D, las posteriores al 155, para remontar a ERC.
Ya con la masa reunida y ansiosa por recibir instrucciones, Puigdemont ha llamado al independentismo a "preparar la lucha definitiva". "Ya no nos pararemos y ya no nos pararán", ha insistido el prófugo, quien ha evitado detallar sus planes electorales y ha optado por enebrar un discurso puramente sentimental para seguir arrebatando votantes a ERC mientras diseña su candidatura a la Generalitat.
Puigdemont quiere al independentismo tensionado, "en estado de movilización permanente contra el Estado", porque "el Estado sólo entiende la voz del pueblo movilizado". Es decir, lo quiere receloso de la mesa de negociación con el Gobierno y preparado para respaldar la vuelta a la unilateralidad cuando los sondeos lo recomienden.
El tono beligerante de las intervenciones alcanzó su punto álgido cuano se aferró al micrófono Clara Ponsatí. La ex consejera de Educación de la Generalitat llamó a recuperar la violencia de las protestas que estallaron en Barcelona tras la sentencia del Tribunal Supremo. Ponsatí aplaudió a "los jóvenes que ganaron la batalla de Uquinaona". "Os necesitamos más que nunca", insistió la también fugada, quien fue la que más claramente renegó de la negociación con el Gobierno.
"Es un engaño contraponer diálogo a independencia. De nada sirve aplazar la independencia. Nunca tendremos lugar en el Estado español. No nos dejemos engañar por mesas de diálogo del engaño que sólo buscan ganar tiempo", aseveró en el más directo ataque a ERC pronunciado hoy en Perpiñán.
La residual delegación de los republicanos -formada únicamente por su líder en el Ayuntamiento, Ernest Maragall, y su portavoz en el Parlament, Ana Caula- aguantó los envites y cedió la defensa de su pragmática vía hacia la independencia a Oriol Junqueras, silbado entre los asistentes. A través de un vídeo, se defendió el jefe de filas de ERC asegurando que "nunca renunciará a sus objetivos" y revindicando su capacidad para forzar a Pedro Sánchez al diálogo con el separatismo: "Cuando somos muchos y estamos coordinados tenemos fuerza para forzar al Estado negociar".
Pero la de Puigdemont no constituyó solamente una demostración de fuerza ante ERC, sino ante ese sector de la neoconvergencia que aún ambiciona poder influir en el futuro de JxCat. Sector que encabeza Artur Mas. El presidente de la Generalitat -que acudió a hacer acto de presencia en Perpiñán- pudo comprobar in situ cómo su intención de modular el liderazgo del prófugo no tiene futuro. El iniciador del procés pretende que Puigdemont saque sus manos de la Generalitat y guíe el desafío desde Bélgica mientras cede a un moderado la gestión diaria del Govern, pero el impulsor del 1-O demostró que no tiene intención alguna de ceder el Palau a un candidato del gusto del PDeCAT, sino, más bien, colocar a un nuevo vicario -presumiblemente, Jordi Puigneró- que asuma el papel hasta hoy desempeñado por Quim Torra para poder continuar guiando al separatismo a su antojo. Como ya viene haciendo sin necesidad de pisar Cataluña