Europa

Noticias por hora

Putin no quiere tener un doble (pero sí un catador)


El presidente de Rusia, Vladimir Putin, no quiere tener un doble. La idea haría dormir más tranquilos a sus responsables de seguridad, que tragan saliva cada vez que se salta el protocolo en sus viajes a los rincones más remotos del país. Pero el presidente ha dicho que no quiere recambios.
Ya a principios de 2000 sus colaboradores le propusieron utilizar dobles con un alto parecido físico como medida de seguridad, pero se negó a hacerlo. Así lo ha contado en una entrevista concedida a la agencia oficial TASS. La idea era que el doble le sustituyese en actividades y lugares peligrosos.
"Fue una idea que se puso encima de la mesa, pero rechacé usar dobles. Fue durante los peores años de la lucha contra el terrorismo", declaró. Pero éste no es un tema nuevo. En diciembre de 2001 le hicieron la misma pregunta al presidente durante una intervención transmitida en directo por los canales de televisión ORT y RTR.
Pero aunque sólo hay un Putin, existe un estómago de prueba. El presidente tiene una persona contratada exclusivamente para probar todos y cada uno de los platos incluidos en su menú del día. La existencia del catador era un rumor persistente en Rusia, pero dio el salto a los grandes medios tras una reunión en 2014 en Londres del Club des Chefs des Chefs, una plataforma compuesta por cocineros que preparan comidas para los jefes de Estado y líderes mundiales. En el caso de Putin, sus comidas son preparadas y catadas, no por un chef, sino por un miembro del 'Federalnaya Sluzhba Ojrany', el Servicio Federal de Protección (FSO) para asegurarse de que no está envenenado. Otros ayudantes de cocinas son supervisados por el servicio de seguridad, que también chequea a personas de su entorno para asegurarse de que no han caído bajo la influencia de fuerzas hostiles.
La amenaza de envenenamiento no es algo con lo que se pueda bromear en Rusia, si se tiene en cuenta los precedentes por envenenamiento de polonio relacionados con personalidades y espías de la antigua Europa del este. El caso más conocido es el del ex espía Alexander Litvinenko.
Putin lleva su propia sal, pimienta y hasta su propia servilleta. Estas precauciones han chocado incluso a los líderes mundiales. Durante una cumbre del G-20 en 2019 Putin fue fotografiado mientras bebía sorbos de un recipiente algo llamativo: un vaso isotérmico blanco. Mientras, el resto de líderes mundiales utilizaba las habituales copas. Pero esa taza lleva años acompañando a Putin, también dentro de Rusia. Putin la usa cada año, durante su emisión anual del programa 'Línea directa' en la televisión rusa, una versión de 'Tengo una pregunta para usted' en la que el presidente se explaya durante horas. Es un elemento inconfundible en pantalla: una taza blanca con el emblema de la Federación Rusa, de la cual el presidente bebe patrióticos sorbos sin salir de la burbuja de seguridad que lo envuelve.

UN OFICIO DE RIESGO

"Al igual que el canario en la mina de carbón, cuya función es advertir contra la presencia de gas al morir antes a los mineros, el catador oficial de alimentos tiene un papel ingrato", explicó John Walsh, uno de los escritores que divulgó los secretos de esta cita de los chefs de líderes mundiales. Putin no es ni mucho menos el primer gobernante moderno en usar esta figura tan ligada a reyes y emperadores.
En 1978, el dictador rumano Nicolai Ceaucescu llevó consigo un catador de comida cuando llegó al Reino Unido en una visita de estado al Palacio de Buckingham. También el líder iraquí Sadam Husein usó estos servicios. Los emperadores japoneses tuvieron un catador de sushi hasta 1989, año en el que hubo recortes en palacio y el puesto no se cubrió. Tal vez el mayor 'emperador' moderno es a día de hoy el presidente de EEUU, que no tiene catador. Pero todo lo que come en el extranjero es enviado previamente desde la Casa Blanca y servido por un 'camarero' autorizado.
Todas las noticias sobre las medidas de seguridad de Putin son algo incómodas para su círculo más íntimo de protectores, que aman la discreción. Con frecuencia los ciudadanos rusos no conocen sus viajes privados, y muchas veces las vacaciones del presidente son publicitadas a posteriori. Sus amistades son vigiladas y recientemente se toma la temperatura a los que lo visitan en el Kremlin, para evitar un posible contagio por coronavirus.
En realidad Putin hace años que no acude a diario a trabajar al palacio presidencial. Salvo que tenga una recepción importante, prefiere 'teletrabajar' desde Novo Igariovo, su 'palacete' oficial fuera de la capital rusa. Una finca fortificada donde tiene una réplica de su despacho pero también mesa de billar, gimnasio y piscina. Así evita desplazamientos y no crea tantos atascos a los moscovitas con su interminable comitiva, a la que es imposible acercarse.
De hecho ante tanto secretismo la fantasía ha tomado la delantera en lo que al presidente se refiere. Los rumores sobre un doble de Putin han sido recurrentes en Rusia, donde muchos detalles del desempeño de la función del presidente son opacos al gran público. Ya en agosto de 2000 el entonces jefe del Servicio Federal de Protección, Evgueni Murov, indicó que Putin no tenía dobles y que todos los rumores al respecto eran "mitos y desvaríos", según declaraciones difundidas por la agencia Efe. El jefe de seguridad admitió que los servicios de inteligencia analizaban en aquella época a menudo posibles amenazas a la seguridad del jefe de Estado provenientes de los terroristas. Pero para los rusos usar dobles hubiera sido como admitir que el sistema de seguridad del presidente es insuficiente. Algo que, según Murov, está lejos de la realidad.

SIN TELÉFONO MÓVIL

Sólo ahora Putin se ha animado a hablar de una manera más abierta del tema y de la atmósfera hermética que lo rodea. En la entrevista que ha concedido, Putin también se ha referido a su poca afición por la tecnología. Su relación "especial" con los dispositivos móviles modernos llega hasta el punto de no tener móvil, aunque admite que es imposible detener el desarrollo tecnológico. El rápido avance de las tecnologías no le causa malestar porque no usa "estos nuevos dispositivos", bromeó el mandatario.
"Simplemente dispongo de otras posibilidades", explicó, añadiendo que le resulta más cómodo usar el teléfono de comunicación especial, "donde me conectarán con cualquier abonado". En realidad Putin sólo utiliza teléfonos inteligentes cuando algún colaborador le da su móvil. Normalmente son teléfonos especiales conectados por un cable. En sus reuniones no hay ordenadores, sólo carpetas de varios colores. Un sistema un poco antiguo, pero difícil de 'hackear'. Dentro de los muros del Kremlin la seguridad se fía de los usos del siglo XX.