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Ricos e influyentes, los elegidos por Trump para recibir el perdón presidencial

Nadie duda de que Donald Trump guarda especial simpatía por los ricos y famosos cuyos delitos de cuello blanco le parecen «ridículos», dijo el martes. Los once perdones y conmutaciones de penas que anunció ese día demuestran que el camino del perdón presidencial en los tiempos de Trump ya no pasa por la Oficina del Fiscal para Perdones que hay en el Departamento de Justicia, sino por las pantallas de Fox y las fiestas de donantes del presidente.
De hecho, esa oficina está descabezada. Larry Kupers dimitió el año pasado después de que Kim Kardashian convenciera al mandatario de que perdonase a una traficante de drogas de Tennessee, querida entre sus novios raperos, que había pasado por encima de la lista de recomendaciones en la que trabajaba. En ese momento Kupers entendió que su papel era totalmente irrelevante. «El placer de buscar a gente que ha hecho méritos, ver cómo reciben el perdón y sentir que has hecho algo bueno ya no existe», lamentó.
Entre la última hornada de ricos perdonados por los que cabildeaban sus donantes destaca Michael Milken, el financiero que inspiró al ambicioso personaje de 'Wall Street' Gordon Gekko, por el que Michael Douglas ganó el Oscar. «¡La avaricia es buena!», decía la película. El juez consideró que «un hombre de su poder que repetidamente conspira para violar las leyes financieras y acumular más poder y riqueza» requería una sentencia ejemplar. Sirvió menos de dos años de cárcel, pero quedó vetado para la ingeniería financiera. Al anunciar el perdón con el que se limpia su nombre, la portavoz de Trump destacó su «trabajo innovador».
Gracias a Trump también salió de prisión el exgobernador de Illinois Rod Blagojevich, al que la fiscalía grabó vendiendo el sillón senatorial que dejó libre Barack Obama al ser elegido presidente. «He visto a su mujer por televisión», justificó el presidente. «Seguro que otros políticos han dicho cosas peores por teléfono, no digo que haya sido yo». Y ante las críticas, se defendió: «Tengo derecho a involucrarme totalmente. Después de todo, yo soy el más alto jefe de la ley en este país», desafió.