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Clásico devaluado en españa


Unos pocos días después de que Pep Guardiola volviera a dar con la contraseña para abrir el Bernabéu, visita el templo blanco Leo Messi, que derriba sus puertas con los trucos de prestidigitador que solo él conoce y que practica con asiduidad. Tiene motivos la parroquia blanca de sentir cierta aprensión ante la inminencia de un clásico, aun rebajado y descolorido como el que se oficia hoy (21.00 horas, Movistar LaLiga). 
Atraviesa un invierno crudo el equipo de Zinedine Zidane, que ante la evidencia no le quedó más remedio que confesar pecados ayer en rueda de prensa. «Estamos en una situación delicada», corroboró. Solo dos victorias en seis partidos le han devuelto a aquella situación en que se le cuestiona hasta el nudo de la corbata, como hace unos meses.
No viajan tampoco chispeantes los futbolistas que dirige Quique Setién tras la nana para dormir que cantaron en San Paolo. Al menos arrancan con una cabeza de dos puntos de ventaja en una Liga a la que le quedan todavía unos cuantos sobresaltos.
Setién, en Sant Joan Despí. / JORDI COTRINA
Y, sin embargo, un clásico es un clásico y siempre anima a esperar un partido palpitante, no importan las bajas o los estados de ánimo con los que los futbolistas se enfundan las camisetas. La estadística aporta motivación extra al duelo. Justo 95 victorias por bando reflejan el acumulado histórico de los Madrid-Barça. Uno de los dos puede cobrar tan fina como momentánea ventaja.  
Setién lleva una semana de bautizos. Agua el martes por el estreno en la Champions y agua ahora por su primera comparecencia en un clásico. Muchas emociones que en apariencia sabe modular el técnico cántabro. Ayer le hicieron los jugadores un pasillo con collejas para festejar el evento. 

Sin la exuberancia ansiada

Entre tanto hito personal, el fútbol colectivo azulgrana se encuentra aún en el túnel del escáner, sin que el abrupto cambio de entrenador le haya sanado de sus males. Acompañan los resultados, pero la piel del equipo no se ve sonrosada. Todo parece aún demasiado similar a la palidez de los días de Ernesto Valverde. La prometida exuberancia no acaba de llegar.
Los comunicados médicos van dando alguna buena noticia a Setién después de tantos partes amargos. Lo de Gerard Piqué en Nápoles no fue para tanto. Y Jordi Alba se reincorpora tras 15 días a la pata coja. Una recuperación que la parroquia azulgrana celebrará con particular alivio.
Zidane, observando las evoluciones de sus jugadores en Valdebebas. / EFE
Si Guardiola encontró la parte anémica del Madrid en el flanco defensivo derecho, donde actúa Carvajal, no necesitaría visionar muchos vídeos para descubrir que en el Barça el punto más débil se sitúa en el bando izquierdo, allá por donde Junior Firpo le han sobrevenido temblores. No está claro que pueda jugar los 90 minutos, pero la vuelta de Alba proporciona una necesaria estabilidad a la zaga barcelonista.
Setién tomó notas el miércoles y falta ver si intentará percutir por la banda de Carvajal y con quien. Puede incidir con Arturo Vidal, que regatea menos que un portero. Puede devolver al primer plano a Ansu Fati, el futbolista más capaz del uno contra uno de la plantilla, Messi al margen. La otra opción es entregarse al maduro Martin Braithwaite, que tantas expectativas desbordó en su debut en el Camp Nou la pasada semana. 
Se diría que todos tienen más a perder que a ganar en este clásico. Messi, que sumará 42 Clásicos (uno menos que Sergio Ramos), puede infectar el horizonte de Zidane de sentirse poseído y comandar una nueva victoria del Barça en el Bernabéu. Sería la quinta seguida en Liga. Y sería un aliento mayúsculo para Setién, necesitado de que su proyecto se cobre una víctima noble. No le iría mal tampoco a Josep Maria Bartomeu, sumido en una crisis institucional de alta toxicidad aunque suspire por disimularla con marcadores deportivos a favor. Desde siempre, los goles han tapado todo lo demás. Queda por descubrir hasta qué punto. De alguna forma, en el Bernabéu se realiza también una auditoría. 

Más creatividad

Una derrota azulgrana ahondaría la sensación de estancamiento del juego. Nadie quiere volver a ver el fútbol espeso de Nápoles. No va a encerrarse el Madrid como hiciera el cuadro de Gattuso, así que cabe esperar un repunte creativo. El centro del campo que vaya a alinear el técnico cántabro marcará la pauta. Habrá que fijarse en el brasileño Arthur. Es quien le da otro color al Barça.
Viene a ser como Kroos en el Madrid. El ritmo cardiaco de los dos equipos palpita diferente con ellos dos en el campo.