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"Estamos listos para la guerra": Ifema se blindan ante un repunte de coronavirus


Decenas de personas se agolpan en una de las pérgolas amarillas a las puertas del Pabellón 5 del hospital de emergencia instalado en el recinto ferial de Ifema a la espera de que empiece su turno en lo que se ha bautizado como el Arca de Noé. Entre ellos se dicen que están en la "retaguardia" preparándose para ir "a la guerra", relata uno de ellos a La Información. Aseguran estar preparados. Médicos, enfermeros, celadores, personal de limpieza... todos pasan por el mismo pasillo en el que durante media hora serán vestidos con un traje EPI para evitar que el coronavirus siga haciendo mella entre el personal sanitario en España, situados todos en la primera línea de fuego de esta batalla contra la pandemia que solo en Madrid ha dejado ya 2.090 muertos.
Este batallón lleva desde el pasado sábado, después de una construcción en tiempo récord, recibiendo pacientes. Muchos fueron llamados a filas y otros se presentaron voluntarios. Rápidamente se llenaron sus 300 camas con pacientes en su mayoría jóvenes en un estado no muy grave mientras el hospital acababa con las carencias tales de la reciente construcción. Pero las mejoras se notan cada día. Ya ayer se abrió también el pabellón colindante, el 9, donde entrarán otras 700 camas, para llegar al fin de semana con espacio para 1.000 pacientes intentando así afrontar el repunte de infectados que está previsto para los próximos días. Pese a las casi dos semanas que los ciudadanos llevan confinados, la inmunidad con el Covid-19 es de cero hoy en día, por lo que los contagios siguen llegando en masa.
Hasta Ifema acuden los pacientes que no presentan cuadros muy graves, pero los momentos de tensión no han faltado. "Un paciente empezó a sufrir espasmos y rápidamente fue llevada a la carpa central conde lograron estabilizarla". En general las noticias por ahora suelen ser buenas porque todo el que llega acaba saliendo. Y ese es el momento más especial porque en medio del silencio el eco hace aún más grande los aplausos que "últimamente suenan cada media hora porque alguien está siendo dada de alta". Ayer Graciela Alonso puso nombre y apellido a estos vítores. Esta mujer, de 34 años, es una de la treintena de personas infectadas por coronavirus que han recibido el alta en esta infraestructura. Agradecía el el apoyo y cómo se portó todo el personal durante los cuatro días que ha estado allí. Y sobre su estancia en Ifema, ha considerado que no le ha "resultado tan duro como podría ser estar en casa, pasándolo sola". Se va al grito de "Venga Graciela que tu puedes".
Como ella, otros que siguen ingresados se aferran a sus móviles como única ventana con sus familiares y el mundo exterior a través de las redes sociales. Charlan cada vez que pueden con los médicos, celadores o todos los que ven enfundados en esos trajes EPI que tanto demandan el personal sanitario de la Comunidad de Madrid. "Llevamos hasta cinco guantes, todos numerados", relata a este medio este trabajador que el primer día que llegó no pudo contener las lágrimas en numerosas ocasiones. "Una de las pacientes no para de repetirme que en cuanto se mejore viene a trabajar como voluntaria", recuerda. Los que mejor se encuentran pueden desplazarse por el pabellón dividido en sectores. En cada fila, unas 40 camas al principio. Para atenderlas, cuatro médicos, enfermeros, celadores, supervisores...
En total son 400 y la mitad, especialistas como internistas o neumólogos, junto con otros tantos enfermeros y auxiliares. Solían hacer largos turnos, pero últimamente se suele limitar a cuatro, principalmente por los trajes con los que entran a atender a los enfermos. Visera, botas, calzas, un mono y luego un traje, gorros... Cuando finalizan pasan otra media hora hasta que se lo quitan. Lo primero, lavar las manos en unos cubos con desinfectante que hay.
A continuación, la retirada total y vuelta para casa. Muchos suben en sus coches que han dejado en el parking del recinto. El viaje de vuelta suele ser un repaso a lo vivido en ese pabellón al que tanto se aferran los pacientes que se agolpan en el resto de hospitales y que según las últimas previsiones pueden empezar a llegar en gran número. Estos héroes sin capa se llevan el primer aplauso de los que fuera esperan ofreciendo un café caliente o un sándwich totalmente gratis. En pleno pico de ingresos de COVID-19, este hospital improvisado que ayuda a que las salas de urgencia de los hospitales estén algo menos colapsadas cuenta con mantener un ritmo de en torno a 250 ingresos diarios en las próximas jornadas, de modo que al acabar la semana habría entre 1.000 y 1.100 pacientes en el recinto ferial. Los trabajadores saben que este fin de semana puede suceder lo que a día de hoy todavía no ha pasado: la muerte de algún paciente.

De cumplirse las previsiones de la Comunidad de Madrid, el lunes o el martes se abrirá un tercer pabellón, el 7, que contará con 582 camas más, de las que 32 serán de cuidados intensivos, y desde el miércoles el hospital provisional estaría en velocidad de crucero, al alcanzar los 1.300 pacientes ingresados. Los hospitales madrileños están saturados hasta el punto de que el de Leganés en las últimas horas en urgencias tenía esperando a 333 personas, cuando suele atender a 90. De la situación "desesperante" de la que hablan sus trabajadores saben bien en otros centros donde los pasillos son también intransitables y las butacas, cuando hay, hacen de camillas. En La Paz las sillas en las que toca esperar son de madera. En el 12 de Octubre plegables. En todos hay pacientes por todas las áreas, como en el de Alcorcón, donde la cafetería se ha llenado de camas.