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La venta al por mayor se vuelve menor


De madrugada la ciudad es un elefante dormido que comienza a despertarse. Apenas hay algún vehículo sonámbulo recorriendo la circunvalación y algún ciudadano caminando por la calle, quién sabe si aprovechando la nocturnidad para airearse, tal vez atacado por el insomnio. Hay un punto en Logroño donde la actividad comienza a arder, como si fuera un cerebro que sueña.
En Merca Rioja empiezan a llegar los camiones a partir de las 4.00 horas, las camionetas de distribución lo hacen a las 5.30 y los compradores, a las 6.00. Para entonces todo el género decora la superficie como en un supermercado, hay barcas de naranjas, manzanas, lechugas y tomates en la sección de frutas, dando un vivo colorido que contrasta con la oscuridad que aún reina en el día fuera del recinto. Hay hombres que mueven cajas como si llevaran horas en pie. Quién sabe cuándo se habrán despertado esos trabajadores o si siquiera se han acostado porque no tienen cara de sueño.
Armando Adán, miembro de la junta directiva de Merca Rioja y responsable de Frutas Adán, toma un café junto a otros compañeros y valora con pesadumbre que la labor ha bajado aproximadamente un 50%debido a la crisis del coronavirus. «Toda la venta ambulante, mercadillos, además de la restauración, está cerrada, así que la venta se limita solamente al consumo de casa, y se compra de una vez, de lo demás no hay nada», expone Armando Adán. El frutero pone un ejemplo claro: «Si antes había una tienda que vendía a diario una o dos cajas de naranjas a un bar para los zumos de desayunos, eso ha desaparecido totalmente, no existe. Y es lo que hay».
«Si antes había una tienda que le vendía a diario una o dos cajas de naranjas a un bar, eso ha desaparecido»
Curiosamente, las frutas y verduras que más se venden ahora son las mismas que antes, quizá lo que cambian son las verduras. «Lo que varía son los productos de temporada, como las alcachofas, espárragos y otras verduras, para las menestras, algo que se notaba mucho antes por la restauración. Ahora es prácticamente lo mismo, pero ha bajado el consumo», señala Armando.
En la nave contigua se produce la compraventa de pescado. Allí hay menos actividad y menos género también, hay más puestos cerrados, consecuencia del nuevo florecimiento de las grandes superficies. Arturo Marín, de Pescados Hermanos Marín, observa la ralentización del trabajo desde dentro de su cabina, una pequeña oficina con papeles, facturas y un aparato que parece una báscula. «Esto ha cambiado en que se trabaja muy poco. La gente no sale de casa y hace una compra a la semana», declara.
Hasta hace unas semanas sus principales clientes eran, sobre todo, los establecimientos hosteleros, pero también «la gente que venía de los pueblos y gente mayor, que ya no sale de casa, y ahora solo tenemos como clientes a los que van a trabajar, que compran para al menos tres días, no es como antes que las ventas eran más fluidas». Arturo Marín cifra la caída de ventas en el pescado en hasta un 70%. Calamares, sepias, mejillones, anchoas, boquerones, salmonetes... aguardan entre el hielo a que alguien los adquiera. La mayor parte del pescado procede de Grecia, Francia, Holanda y algunos puertos españoles. Pero como ha bajado la venta, a su vez también ha bajado la compra al por mayor. Es, nunca mejor dicho, el pez que se muerde la cola. Y eso que los primeros días se incrementó la venta: «Sucedió que los primeros días la gente compró mucho para guardar y congelar», destaca Armando Adán.
Paco Lavilla, de Pescados Lavilla, dirige dos empresas, de producto fresco y congelado, y subraya que «desde que empezó la crisis sanitaria muchos puertos no quieren trabajar porque los marineros tienen miedo». A eso se une que el principal consumidor de pescado en La Rioja era la hostelería, y más en vísperas de Semana Santa o durante el pasado puente del día del padre, aunque mantienen clientes como los hospitales y residencias de ancianos. «La gente aquí está muy preocupada, la mayoría somos autónomos y no sabemos qué va a pasar», reconoce Paco Lavilla