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Los héroes que luchan contra la pandemia


Forman parte del colectivo más aclamado de estos días. Nunca antes se habían sentido igual. Los profesionales sanitarios como Irene Fernández, Beatriz Lasa y Agustín Sastre son una pieza clave para librar la batalla contra el coronavirus. Y así se lo hacen saber los miles de ciudadanos que cada noche se asoman a sus balcones y ventanas para aplaudir en su honor desde que comenzó esta cuarentena. Una recompensa simbólica que les transmite la fuerza necesaria para acudir a diario al hospital y dar lo mejor de sí. Incluso el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha destacado en repetidas ocasiones su labor: «Son el mejor escudo contra el COVID-19».
Fernández, enfermera en Medicina Interna en el Hospital Donostia, asegura haberse «emocionado» con el reconocimiento de la sociedad. Pese a que le apasiona su trabajo, «es agotador. El traje que hay que ponerse para tratar con posibles contagiados por coronavirus da mucho calor. Es un proceso muy cansado y se suda un montón». Al final, «el estrés psicológico o mental es enorme» No solo por lo que supone afrontar una situación nueva como la de esta crisis sanitaria, también por la inquietud de sus familiares y amigos. «Me preguntan constantemente qué tal me encuentro. Se preocupan por mí».
La enfermera Irene Fernández.
La enfermera Irene Fernández.
Por eso, los detalles como salir a la ventana a aplaudir, tocar la tamborrada o cantar el 'Txoriak txori' conmueven a esta enfermera, que pese a haber nacido en La Rioja lleva tiempo viviendo en San Sebastián. Aunque, lo que más agradece es «que la gente cumpla las medidas, que se quede en casa. Y se está haciendo. Es la mejor forma que tienen de ayudar».
Y aprovecha para hacer un reconocimiento «a todos los que trabajan a nuestro alrededor. Los camioneros, los que nos traen suministros, los científicos que trabajan duro para buscar una vacuna... Todos merecen ser homenajeados», apunta.
En cualquier caso, y pese a que por ahora asegura que en Gipuzkoa «la situación es buena», pide «paciencia» a la ciudadanía. «Estamos tranquilos porque aquí tenemos todo preparado para lo que está por venir. Eso sí, conviene que la gente se tome las cosas con calma. Aguantar dos días en casa es fácil, pero necesitamos que se queden tanto tiempo como las autoridades digan para poder terminar con esta pandemia» que ya están combatiendo con todas las armas posibles, señala.

Evitar bulos

Ante la incertidumbre, pide evitar los bulos y las informaciones no contrastadas, así como «no salir de casa al primer síntoma. Es mejor llamar por teléfono antes que acercarse al hospital», explica, porque «aquí hay más riesgo de contagio». Ella vive lejos de su familia, pero su hermana, que también es sanitaria, lleva tiempo sin visitar a sus abuelos «por si acaso».
Aunque esta es una medida que toma «cada año, también por la gripe, al igual que lavarse las manos o cubrirse la boca con el codo al toser». Confía en que a raíz del coronavirus la sociedad adopte estas medidas en su vida ordinaria. «Es algo que deberíamos hacer para evitar el contagio de cualquier tipo de enfermedad, no solo esta», dice.
Las enfermeras, al igual que los médicos, celadores, auxiliares o cualquier otro profesional de la salud, son personas que se dedican a cuidar a otras personas. Sin importar las dificultades a las que se enfrenten o el riesgo que corran.
La donostiarra Beatriz Lasa es enfermera de Cuidados Intensivos. Si bien reconoce que al principio, cuando el COVID-19 llegó a Gipuzkoa, «todos teníamos el susto en el cuerpo», insiste en que «no hay que alarmarse en exceso». Ella está «algo preocupada» por su padre o por su hija, que tiene diabetes, y lo que más le cuesta es volver a casa después de haber estado expuesta al virus durante horas en el trabajo. Pero hasta ahí.
La enfermera Beatriz Lasa. Al ver a la gente aplaudir en las ventanas lloró de emoción.
La enfermera Beatriz Lasa. Al ver a la gente aplaudir en las ventanas lloró de emoción.
En intensivos, asegura, «estamos acostumbrados a tener pacientes aislados». Por eso, lo del aislamiento es lo que menos le preocupa. Lo que no le deja dormir a Lasa estos días es la falta de mascarillas y geles desinfectantes en el hospital. «Hay que ponerse las pilas, porque casi no quedan. Si nosotros nos contagiamos, falta gente que atienda a los pacientes. Y eso es peligroso», reconoce.
Ahora, en Cuidados Intensivos, están tranquilos. «Espero que no sea la calma que precede a la tempestad», apunta. Los días que puede, como ayer, que entró en el turno de las diez de la noche, aprovecha para salir a la ventana a aplaudir. «Es muy emocionante. El primer día estaba trabajando y me enteré tarde. Salí y tenía el móvil repleto de mensajes con vídeos. Me puse a llorar», cuenta con una sonrisa.

Unidad del COVID-19

Agustín Sastre también trabaja en el Hospital Donostia. Es enfermero de la Unidad de Rehabilitación, «que ahora se ha convertido en la Unidad de coronavirus». La tercera planta del edificio Amara se ha adaptado para recibir a posibles personas contagiadas. Es ahí donde se hace el cribado y la prueba para ver si dan positivo. A ese sanitario le «encanta» su profesión, pero asegura que estos días están siendo difíciles. Todo es nuevo y «el caos» es innegable.
En cualquier caso, solo tiene palabras buenas para sus compañeras. Para el resto de enfermeras y enfermeros: «Nos estamos dejando la piel. Todos son profesionales excelentes y la gente lo está dando todo», aunque se lamenta de la «falta de información» que existe a su alrededor.
Los profesionales de cuidados intensivos animan a la gente a quedarse en casa.
Los profesionales de cuidados intensivos animan a la gente a quedarse en casa.
Agradece «mucho» los aplausos de la gente, pero quiere que conozcan lo que «realmente» hay detrás de los profesionales sanitarios. Estrés, mucho tiempo sin dormir... «A veces ni siquiera nos preguntan qué tal estamos. No es fácil». Cuando llega a casa, afirma, cae redondo en la cama. Se despierta, y vuelta al trabajo. Esta es la rutina de un sanitario, sobre todo en estado de alarma.
Asegura que no le tiene miedo a la enfermedad, pero que hay que tener cuidado. «Es muy contagiosa y a las personas mayores les afecta mucho». Por eso, tanto él como sus dos compañeras insisten en la necesidad de seguir al pie de la letra las recomendaciones de las autoridades sanitarias y cumplir el aislamiento. «Es la mejor forma que tienen de ayudarnos. Nosotros vamos a estar aquí para lo que les haga falta, pero si realmente quieren poner su granito de arena, que nos hagan un favor y se queden en casa».