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muchos ciudadanos continúan trabajando en servicios básicos de cara al público


«El miedo ya se ha pasado porque nos hemos mentalizado de que el virus lo vamos a coger todo el mundo, y tranquiliza saber que no todos lo tendremos fuerte. Pero aquí sí estamos más expuestas y ese respeto lo tenemos. Una clienta ya nos ha dicho que, como los sanitarios, nosotros también merecemos el aplauso colectivo». Así se expresa tras su mascarilla y a cierta distancia la titular de 'La tiendita de Mari Carmen', establecimiento de alimentación que desde hace 25 años abre sus puertas en Club Deportivo mañana y tarde, aunque desde la crisis del COVID-19 sólo lo hace por las mañanas. Mari Carmen y sus dos compañeras procuran salir a la calle para servir, sobre todo verdura y fruta frescas, respetando escrupulosamente las medidas de protección. «No dejamos a nadie que toque el género y se ha notado mucho que la gente paga con tarjeta para evitar la moneda; tenemos mascarilla, desinfectante y nos cambiamos los guantes cada media hora».
En 'La tiendita de Mari Carmen' el fin de semana fue más movido que los días posteriores «porque los clientes ya saben que vamos a estar y que no va a faltar suministro». A pesar de las muchas incomodidades derivadas de la crisis del coronavirus, lo único que parece alterar a su responsable es la «tremenda» subida de precios en los productos frescos que vienen del sur del país (de donde se suministra este comercio, además de su propia huerta del Valle del Iregua). «Hace una semana un calabacín costaba 1,25 euros y ahora cuesta 2,50, y la alubia verde ha subido dos euros y pico en un par de días, y en general todo lo que viene de la parte de abajo. Eso lo tendrían que controlar porque nosotros somos los que damos la cara ante la gente y a mí me da vergüenza. Hay muchas familias que no pueden permitírselo», se indigna.

En un estanco próximo los clientes entran de uno en uno. Tras el mostrador, Fernando nos reconoce el bajón de actividad durante esta semana. «El viernes y sábado vendimos mucho tabaco en cartones, pero ahora ya menos porque la gente ha cargado». También notan la suspensión de los juegos, sobre todo de la Primitiva. «Por el contrario, prensa y revistas vendemos más, una manera de que la gente esté entretenida». ¿Más miedo al coronavirus o a la economía? «A los dos –confiesa Fernando– porque esto no ha hecho más que empezar y ya se está notando. Pero si toca, toca, no puedes evitarlo, hay que trabajar»
«En la calle hay más gente de la que debería pero no se paran a hablar, creo que todo el mundo va con miedo»
Abordamos a Alfonso, repartidor de Correos, entre portal y portal. «Es una situación un poco rara porque ahora tenenos que recoger los datos de los certificados a través del telefonillo del portal y echar la carta en el buzón o mandarla por el ascensor, y solo llevamos guantes. No nos han dado mascarillas y las gafas también serían importantes». En el barrio donde desarrolla su labor dice que «la gente es de diez, te facilita todo, aunque otros compañeros no dicen lo mismo».
En la panadería que atiende María Ángeles «la venta ha bajado un montón desde el pasado lunes, la gente viene a por pan y huevos, sobre todo». Nos explica que muchos clientes compran pan para dos días y lo congelan, y las golosinas apenas se dispensan. «La gente está aterrada, pero esperemos que pase poco a poco. Yo, en ocasiones, también tengo miedo por estar tan expuesta».
En Carmen Medrano topamos con una cuadrilla del servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento que está plantando arbustos y arbolado. Desde la furgoneta de apoyo nos atiende un operario. «Ahora vamos una persona por furgoneta con la herramienta y los demás van caminando y guardando la distancia. El ambiente es diferente porque no podemos ir juntos y tenemos que ir quedando para movernos de un sitio a otro, un poco rollo. En el vestuario también nos cambiamos a distintas horas». Nos confiesa el susto que el COVID-19 les ha metido en el cuerpo «y más viendo los repuntes». Se sorprende de ver a gente por la calle, «más de la que debería, pero no se paran a hablar, creo que todo el mundo va con el miedo».
A 'Veterinaria Bustillo' la gente acude estrictamente a lo necesario. «Hoy (por el martes) sólo hemos tenido una cirugía, cuando normalmente tenemos dos o tres. Nos llaman, sobre todo, preguntando si el coronavirus se contagia a los animales», comenta una de sus empleadas.
En una de las oficinas de Ibercaja, en Siete Infantes, las gestiones presenciales sólo se hacen con cita previa. El resto, en los cajeros, que se aconseja manipular con guantes o un bolígrafo. Según su responsable, «se nota que no hay ingresos en los cajeros por los autónomos y eso sí es duro. Muchos de estos clientes nos han dicho que bloqueemos todas sus cuentas, no pueden hacerse cargo».