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De «llorar de impotencia en un hospital de guerra» a la ilusión por las curaciones



Han llorado, han sufrido, han tenido miedo, pero han echado el resto para, poco a poco, sacar adelante a sus pacientes y empezar a vislumbrar algo de luz entre tanta negrura. Lo mismo que sus compañeros de la Unidad de Medicina Intensiva (UMI), el personal de planta del hospital San Pedro se ha visto engullido por una pandemia que ha obligado a remodelar de arriba abajo la organización interna del complejo hospitalario y el día a día de unos profesionales acostumbrados a dar el cien por cien incluso cuando no había aplausos.
«Nosotros estábamos en la planta tercera, en Medicina Interna, lo que llamamos la polivalente médica, pero una paciente que llevaba ingresada más de un mes dio positivo, así que, en cuanto la séptima planta, la reservada para pacientes con COVID-19, se completó, fuimos los primeros en subir. Bajaron a los de Oncología a la tercera y nosotros subimos a la sexta», recordaba ayer Eva, nada más salir de otra intensa noche de trabajo, la del jueves al viernes, y enviar a Diario LA RIOJA las imágenes que ilustran esta página.
 
El personal sanitario, acostumbrado a lidiar con la vida y la muerte, con las buenas noticias y los mazazos, no oculta el drama vivido en este último mes. «Sí, sobre todo al principio era angustioso. Fue muy duro, primero porque era una situación nueva para todos y luego porque veías que continuamente había que abrir controles porque no paraban de llegar pacientes... Era una pesadilla que te llevabas a tu casa y con la que te ibas a la cama deseando que hubiera acabado al despertarte», relata esta profesional, que admite que ha llorado. «A muchas nos pasó, sí. De repente te daba una llorera en casa que no podías evitar y era por pura impotencia, porque fueron muchos días de pacientes que fallecían, gente joven que tenía que ser bajaba a la UCI y que se quedaba allí estancada sin ninguna mejora ... Era como un hospital de guerra», admite.

Una piña

Por eso, cada mejora, cada alta, cada destello de esperanza se celebra por todo lo alto en el hospital. «Desde luego, ha sido tan terrible que ahora, aunque siguen llegando pacientes, poder realizar las primeras extubaciones en la UCI y ver cómo muchos pacientes de planta se van con el alta tras haberse curado, te da otra alegría, es un chute de energía y de ilusión», señala Eva, que asegura que «eso se nota en el personal, que seguimos todos a una y como una piña, y en los pacientes, que se deshacen en agradecimientos, como a un señor que se ha ido ya al que el otro día le cantó todo la planta el cumpleaños feliz».
Agradecida a la sociedad riojana por «las muestras de ánimo y de apoyo de tanta gente supersolidaria», esta enfermera riojana no quiere olvidar tampoco el trascendental respaldo que supuso para todo el personal del hospital logroñés la decisión de varias firmas de Arnedo y Ezcaray de fabricar material de seguridad porque «las EPI buenas duraron cuatro días y lo poco que quedaba se reservaba, como es lógico, para el personal de la UCI». Y en la despedida, Eva pronuncia en voz alta el deseo de todos: «A ver si pasa cuanto antes esta pesadilla».