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Exteriores envió argumentarios para justificar la gestión del Covid-19 y el 8-M


En el Ministerio de Exteriores aumenta la inquietud por el impacto que pueda tener la gestión del Covid-19 sobre la imagen internacional de España, especialmente tras el "ensañamiento" con el que algunos medios extranjeros han abundado en las críticas. En este sentido, el Gobierno ha distribuido entre las embajadas un argumentario para responder a los puntos más controvertidos: desde las muertes en las residencias de ancianos a la celebración del 8-M, pasando por la falta de material y el colapso del sistema sanitario.
Las comunicaciones con las legaciones diplomáticas muestran cómo en apenas un mes, Moncloa pasó, de mandar un mensaje de tranquilidad (“España no es zona de riesgo”) a maniobrar para “contrarrestar” las “narrativas negativas” de la prensa internacional. Especialmente dolorosos fueron un par de artículos: ¿Cómo España respondió tan mal al coronavirus?, publicado en el diario británico 'The Guardian' y Un sistema colapsado deja morir a algunos ancianos, golpeando la autoestima de España, firmado por Raphael Minder, el corresponsal del rotativo estadounidense 'The New York Times'. En ambos, citados como ejemplo de la narrativa a combatir, se cuestiona tanto la respuesta a la emergencia del Ejecutivo de Pedro Sánchez como el desborde del sistema sanitario.
Ante la pregunta "¿España reaccionó tarde?", Exteriores ofrece una visión positiva aunque con algunas imprecisiones. “España ha estado a la vanguardia en la adopción de medidas y urge al resto de países a que adopten políticas estrictas de contención”, dice un texto remitido en los últimos días de marzo. Según esta información, España habría tomado medidas de confinamiento con 120 fallecidos y 4.200 contagios. Sin embargo, a 14 de marzo, cuando se decretó el estado de alarma, las víctimas superaban las 200 con más de 6.000 infectados y hacía tres días que la OMS había declarado al Covid-19 como “pandemia”.
En ese mismo documento se explica que la pandemia ha afectado a todos los países “mucho más rápido y de forma más virulenta de lo que nadie había previsto”, pese a que en España se había dado una alerta sanitaria a las Comunidades Autónomas el 7 de enero y que el 13 de enero —día de toma de posesión del Gobierno—, comenzó a operar el comité permanente de seguimiento de coronavirus.
A pesar de estos avisos y reuniones, el Gobierno no tomó medidas decisivas hasta mediados de marzo. Según la propia cronología del Ministerio, el 3 de marzo tan solo se prohibieron los eventos deportivos con equipos de países en zonas de alto riesgo —como Italia en ese momento—. Se permitieron sin embargo los encuentros regulares de Liga, los mítines políticos como el de Vox en Vistalegre y las manifestaciones del 8-M por el Día de la Mujer.
Justificar el 8-M
Este evento tiene su propio epígrafe en la estrategia de comunicación —al igual que las compras fallidas a China o la falta de coordinación con las Comunidades Autónomas—. El argumento del Gobierno es que “casi todos los países europeos se celebraron las manifestaciones del 8M con absoluta normalidad” y que la alerta del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDPC, por sus siglas en inglés) por el contagio de personas asintomáticas no llegó hasta el 12 de marzo. Sin embargo, la hemeroteca científica alerta de casos de transmisión asintomática en China y Alemania desde enero. “Hasta ese momento las recomendaciones eran aislar a las personas con síntomas y proteger a los grupos de riesgo, que fueron las recomendaciones que se dieron de cara a las manifestaciones del 8M”, despacha el documento.
Al menos uno de los argumentarios también intenta justificar la desprotección de nuestro personal sanitario, asunto que llevó a 'The New York Times' a describir en portada al personal médico español como “health care kamikazes”. “El Ministerio de Sanidad se ha volcado especialmente en el suministro de medios de protección para los profesionales sanitarios, kits de diagnóstico y otros equipos críticos, como los respiradores”, reza el texto. “Para ello ha adquirido gran cantidad de estos materiales, y ha ayudado a las comunidades autónomas que lo han solicitado para su adquisición directa”.
Exteriores presume de la “transparencia” con la que España ha gestionado la crisis, poniendo en marcha “comparecencias y desgloses de datos diarios” donde participan “expertos sanitarios y científicos, transporte y fuerzas del orden”. Además de “ministros en su ámbito de actuación” y “el presidente del Gobierno, de manera más puntual”.
“En el número de fallecidos se computan todos aquellos que en el momento de la defunción hubiesen dado positivo en coronavirus, independientemente de que tuviesen patologías previas agravadas por la enfermedad, de su edad, o del lugar del fallecimiento (también se computan los que lo hacen en residencias de mayores o en domicilios particulares)”, incide el texto. Para después asegurar que el recuento “no se están contabilizando igual en cada país”, ya que “algunos excluyen de sus cifras oficiales a los ancianos fallecidos fuera del sistema estrictamente hospitalario, como en residencias o en sus domicilios”.
Un país seguro
Los sucesivos argumentarios demuestran como, durante buena parte de marzo, el Gobierno todavía creía que podría salvar la temporada turística de Fallas y Semana Santa. “A día de hoy, España es un país seguro y no está considerada una zona de riesgo”, comunicaban desde el ministerio a las embajadas, cuando Italia concentraba el mayor porcentaje de casos en Europa (2.677) y había 129 casos confirmados en el nuestro. Según el documento, el Gobierno estaba entonces abocado a la prevención y la detección precoz, pese a que en ese momento no se estaban haciendo pruebas masivas.
“Ya se han preparado todos los protocolos para los escenarios que puedan darse en nuestro país”, tranquilizaban desde el Palacio de Santa Cruz. “En el escenario actual de contención sanitaria [...] se están analizando todas aquellas situaciones que requieran una respuesta puntual y específica (por ejemplo, para reuniones y acontecimientos con gran congregación de personas”, agregaban.
Al día siguiente de dicha comunicación, Estados Unidos aumentaba el riesgo a España y otros países europeos, mientras que Israel imponía cuarentenas a los viajeros de países en riesgo, como el nuestro. La novedad no cambió la consigna: “siguen vigentes las instrucciones del correo de ayer de trasladar un mensaje de tranquilidad y transparencia solo de manera reactiva o en su caso en función de las necesidades”.
Ya el 15 de marzo, con la crisis sanitaria en plena explosión, las fronteras cerrándose y el país en la primera fase de confinamiento, Exteriores volvía a comunicarse con sus embajadas para coordinar el retorno “urgente y necesario” de los turistas españoles.
“Somos conscientes que la situación en cada uno de vuestras demarcaciones es diferente y debéis ser vosotros quienes valoréis la graduación y momento de enviar ese mensaje para no crear alarma ni expectativas entre los turistas españoles”, instruye la comunicación desde Madrid. Entre las acciones, según Exteriores, a 27 de marzo se ayudó a coordinar el regreso de unos 14.000 turistas, se atendieron 40.000 llamadas y se comenzaron a gestionar “vuelos humanitarios”. Además, se revocaron las vacaciones del personal diplomático.
“Con lo que sabemos hoy, todos hubiésemos actuado de distinta manera”, reza uno de los últimos argumentarios enviados. Esto es lo más cercano a una autocrítica que hay en los despachos de la Secretaría de Estado a las embajadas para fijar el tono.