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Las furgonetas camufladas de la muerte: relato de un militar que recoge cadáveres del Covid-19


Visualicen la escena. Una reportera de televisión hace un stand up frente a la cámara y con uno de los principales hospitales madrileños detrás. Relata que las cifras de contagiados tal, que los muertos lo otro, que las UCI están hasta ahí y que los EPI ni están, en ese particular Día de la Marmota que se vive cada jornada. Por su espalda empiezan a circular unas furgonetas; no tienen distintivo, son de varios colores, llevan los cristales tapados con cartón. Una, dos, cinco furgonetas. Lo que nadie intuye, ni los que graban ni los que ven la escena confinados en su casa, es que en esa caravana de furgonetas están pasando 20, 30 o 40 cadáveres. Ahí está la realidad, lo palpable, lo que las cifras no son capaces ni de insinuar. Por cada furgoneta, cuatro o cinco muertos; por cada muerto, una familia. Y ahí va la caravana de la muerte recorriendo Madrid a los ojos de todos pero sin que nadie la vea.
Ni en la prensa ni en las redes sociales, que están retransmitiendo la crisis del coronavirus hasta el último detalle, aparecen estas caravanas. Están pensadas así, para pasar sin pena ni gloria, haciendo el trabajo que nadie quiere ver. Pero están ahí. Por eso, EL ESPAÑOL entrevista a un soldado de la UME de la unidad encargada de esa labor. Dice que el olor a veces se hace cuesta arriba, que duele estar cargando muertos todo el día y volver a casa para ver a gente que no respeta el confinamiento, que se nota en las caras de los compañeros y que, tío, llevo noches sin dormir porque se me aparece lo que nos encontramos. Pero, a partir de aquí, que hable él, que la realidad se basta sin literatura.
“Es muy distinto a una situación normal. Ahora, desde que estamos trabajando en ello, son las residencias de ancianos o los propios hospitales los que te llaman. Te dicen ‘oye, ya tenemos 20 cadáveres en la morgue y mañana vamos a llenar, venid a vaciar’. A lo mejor en sus cámaras caben 30 personas y ya te avisan, saben que a lo largo del día morirán otros tantos y que ya no tendrán espacio así que te piden que vayas al día siguiente, antes de que se congestione del todo”.
Una de las furgonetas que la UME utiliza para el traslado de cadáveres, frente al Palacio de Hielo de Madrid.
Una de las furgonetas que la UME utiliza para el traslado de cadáveres, frente al Palacio de Hielo de Madrid. EFE
“En una situación normal, como puede ser un incendio, hay que pasar muchos trámites para que la UME actúe. Primero tiene que ser el alcalde o alcaldesa de la localidad afectada la que llame a la comunidad autónoma de turno para decir que no puede hacer frente. Luego, en la comunidad autónoma valoran si tienen los medios propios para hacer frente a la situación. Si no, se habla con el delegado del Gobierno, que lo traslada al Ministerio de Defensa, del que dependemos, y ahí ya entra la UME. Ahora no es así. Ahora, cualquier residencia u hospital te pasa sus números, y a funcionar”.

El olor hace mucho

El soldado, que ha pedido no ser identificado, habla como si lo hiciera de matemáticas. Relata el cargar muertos de manera escéptica. Al final, es su trabajo y punto. Si se implicara demasiado podría acabar llevándose las facturas a casa. Pero, aunque sea un trabajo, acaba cargando psicológicamente. Eso es indudable. En Madrid ya hay 5.800 muertos -en España la cifra asciende a 15.283-, según los datos conocidos este jueves, y la mayoría los recoge la UME o el Ejército de Tierra asesorado por la misma. Por este trabajo, ganan solo entre 1.350 y 1.500 euros al mes.
“Estamos haciendo esto todos los días. Pero, claro, hay a gente que esto le afecta más y a otros que menos. Date cuenta, consiste en estar todo el día metido en el mismo hospital y residencia y venga, y venga, y venga, cargando muertos a los furgones. Con el tiempo te acostumbras, es tu trabajo, pero no es agradable. Por eso nos turnamos”.
“Aunque, ante la carga de trabajo, también se está ocupando de ello el Ejército de Tierra, los que nos estamos dedicando a esto principalmente somos el Grupo de Intervención en Emergencias Tecnológicas y Medioambientales de la Unidad Militar de Emergencias (UME). Vamos todos a la base que tenemos en Torrejón a las 7.30 de la mañana y ahí se reparten las tareas. Solemos trabajar 12 horas seguidas, hasta las 20:00 a menos que haya complicaciones. Y lo hacemos durante cuatro o cinco días a la semana y, en el reparto de tareas se decide quién hace qué. A unos les toca desinfectar y a otros los muertos”.
“Cuando te toca cargar muertos cogen a dos o tres equipos, según la carga de trabajo, que se dedican exclusivamente a eso durante tres días. Cada equipo va a un hospital o a una residencia y se sacan entre 30 y 40 cadáveres por centro. Y estás todo el día ahí en ese centro, porque el trabajo es muy laborioso, no es cargar y ya. Con eso, echa cuentas. Si mandas a tres equipos a tres hospitales por día, cada jornada se están sacando entre 90 y 120 cadáveres. Todo eso en un día”.
“Desde luego, no es lo más agradable que puedes hacer. Aunque, últimamente, dentro de lo malo, la cosa está algo mejor. Puede sonar duro, pero el olor hace mucho. Te lo cuento para que entiendas la realidad, ¿vale? Ahora nos estamos encontrando a los muertos en cámaras adecuadas y la mayoría son recientes, por lo que el olor no es un problema. Al principio de esta crisis, había tanta sobredosis que te los encontrabas en las habitaciones de las residencias sin más. También, los hospitales tenían cadáveres guardados, imagino que para irlos cediendo a las universidades o yo qué sé. Cuando empezamos a vaciarlo todo, desde cero, es que te encontrabas de todo”.
Militares de la UME en la morgue de la Ciudad de la Justicia de Valdebebas.
Militares de la UME en la morgue de la Ciudad de la Justicia de Valdebebas. EFE
“Hablando entre nosotros ves que hay gente a la que le afecta, compañeros que te dicen que no pueden dormir por las noches por lo que han visto. Es que te encuentras de todo, de verdad. Cuando no te toca esta parte del trabajo, por la mañana hablas con los compañeros que sí que lo van a hacer y, por la noche, cuando llegamos todos de nuevo a la base, ves que el tío te viene con otra cara muy distinta a la que tenía cuando salió. Ahí ves si el día ha sido fácil o no. Y no lo suele ser”.

La caravana discreta

Tras acabar la entrevista, este periodista le manda al soldado, por WhatsApp, una fotografía de un vehículo de la Unidad Militar de Emergencias. La intención es identificar una de esas furgonetas anónimas que se encargan de esta labor. La imagen, encontrada en Google bajo el precepto “furgoneta de la UME”, es de uno de esos vehículos pequeños que tanto se han visto estos días. Es en vano. “Dame un segundo que te busco”, responde, y al rato manda una imagen de una furgoneta roja, sin ningún distintivo, con los cristales tapados con cartón. “Ves que no tiene nada rotulado. Son transportes discretos”.
“Una vez que llegamos a los hospitales o residencias, nosotros esperamos en la calle, en un sitio discreto, y se van vaciando las cámaras donde se encuentran los muertos y, ordenadamente, se van sacando. Ahora ya nos los sacan los trabajadores de cada sitio. Primero, cuando sale un cadáver, tienes que filiarlo, rellenar los datos de la persona que recoges. Te los sacan en dos sudarios, dos bolsas. Uno de los sudarios se queda con el cuerpo y el otro se lo quitas para reutilizarlo y lo tienes que desinfectar. Cuando lo sacas, le pones una pegatina en el sudario con un número. Es una referencia por si necesitas acceder a sus datos”.
“Después, lo metes en un ataúd. Ahí tienes que desinfectar todo de nuevo, donde venía el cuerpo y donde lo vas a meter. Cierras la tapa del ataúd en el que lo metes y lo tienes que cubrir todo de cinta aislante, para sellar el féretro. Y ahí vuelves a desinfectar todo de nuevo. Y lo metes en la furgoneta. Como ves, es un proceso laborioso. Multiplica eso por 30. Echamos todo el día en un centro, no nos suele dar tiempo a atender más”.
-Esa imagen de cuerpos desfilando, uno tras otro, en decenas, es dura, ¿no?

-Puff, pues impresiona. Para nosotros es nuestro trabajo pero a la vista de una persona que no es consciente de lo que hay, sí que impresiona.
“Y los vamos cargando en las furgonetas de la UME. Ante tanta cantidad de fallecidos también estamos usando furgonetas alquiladas, de todos los colores, es difícil identificarlos porque no pone nada. La forma de hacerlo es porque los que sí que son de la UME tienen la matrícula del Ejército de Tierra, porque pertenecen a su parque móvil. Y las demás, porque ves que las conduce un soldado y que tienen las ventanas de atrás tapadas. Pero como no pone nada no le echas demasiada cuenta. En la televisión a veces salen esos furgones, con los papeles puestos en la ventana, y nadie se da cuenta. Pero es lo que estamos haciendo de 8.00 a 20.00 todos los días”.
Una de las furgonetas usadas por la UME para el traslado de cadáveres, con los cristales tapados.
Una de las furgonetas usadas por la UME para el traslado de cadáveres, con los cristales tapados. EFE
“Solemos llevar en torno a cuatro ataúdes por furgoneta. Tienen el maletero vacío y sólo hay dos asientos, de conductor y copiloto. Son furgonetas normales, como cualquier otra. No los estamos sobrecargando mucho porque, especialmente los vehículos de alquiler, no están pensados para eso y tenemos cuidado de que el peso de todo no pueda provocar algún susto”.
“Después de cargar a todos los fallecidos, vamos del hospital al Palacio de Hielo, a la morgue que han habilitado. Pero esa ya está llena. Si no entran ahí vamos a la de la Ciudad de la Justicia y creo que están empezando ya a ir a la de Majadahonda. El que esté llena o no depende de las funerarias, que son las que se encargan de ir vaciándolo y enterrando o incinerando a la gente”.
-Este miércoles, El Mundo publicaba la imagen del Palacio de Hielo lleno de féretros. Levantó mucha polémica, criticaron que era innecesario mostrar esto. Tú, que ves esa realidad, ¿qué opinas?

-Más de una imagen de las que hemos visto o vivido las ponía en el periódico para que la gente realmente viera lo que está pasando. No ayuda hacer como que no pasa. Es una manera de abrir los ojos. La gente tiene que ver lo que hay de verdad. Para que vean la realidad cruda, que esto nos podría haber tocado a nosotros.
Y cuenta que jode estar haciendo ese trabajo y ver cómo la gente no se toma en serio el confinamiento. Cómo salen a pasear el perro durante horas, cómo no desinfectan lo que tocan, como si la realidad fuera otra. Al rato, vuelve a mandar un mensaje por WhatsApp. Son imágenes de gente que no está encerrada en su casa como debería. “A esto me refería. Mira qué realidad. No es propio”, concluye, por no buscarle un adjetivo peor.