Europa

Noticias por hora

Logroño duplica sus óbitos


Quizá uno de los efectos mas escalofriantes de la pandemia del SARS-CoV-2 es escuchar cada mañana, como si de un balance de guerra se tratara, las bajas de la jornada anterior. La Rioja registró sus dos primeros fallecimientos con COVID-19 el 10 de marzo. Ayer, en el último recuento oficial de muertes vinculadas a la pandemia, la cifra era de 85. Pero la mortalidad, al menos en los casos de Logroño y de Calahorra y a partir de las defunciones inscritas en sus registros civiles, se ha disparado muy por encima de esa cifra.
Tanto que a partir de los datos de dos registros civiles actualizados a las 14.30 horas de ayer, sí que se puede concluir que la mortalidad se ha más que duplicado a lo largo de este mes de marzo en comparación con lo acontecido en el mismo periodo de tiempo de la última década tanto en Logroño como en Calahorra (cada municipio inscribe sus defunciones). También que ese repunte excede, en mucho, el número de víctimas acumuladas con COVID-19.

Según los datos recopilados por el INE, durante los últimos diez meses de marzo (entre los años 2010 y 2019) el Registro Civil de Logroño tramitó la inscripción de una media de 114 certificados de defunción (la horquilla que oscila entre los 93 del 2011 y los 147 del 2018) mientras que la media del de Calahorra es de 20 (los extremos son 12 y 26 y no incluye el dato del 2019, sin publicar).
Frente a esa mortalidad media, la acumulada en los últimos 31 días: en Logroño se han inscrito 252 defunciones (138 más que el promedio de la década, un repunte del 121% ) y en el de Calahorra otras 46 (26 más en términos absolutos, el 130%). En Haro, sin posibilidad de comparación estadística al no recoger el INE el detalle mensual municipal, se han inscrito 20 óbitos en marzo .
Sin distribución geográfica de los fallecimientos con COVID-19 registrados en la región, el incremento de muertes en Logroño y en Calahorra deja a la luz un inusual repunte de la mortalidad que va mucho más allá del coronavirus. Tanto que asignando todos los fallecimientos con coronavirus a la capital (85), seguiría habiendo 53 muertes más de las que, estadísticamente, se producen.
Desde la Consejería de Salud restaban trascendencia a esas cifras alegando que, pese a que las fluctuaciones de la última década han sido limitadas, «la mortalidad no responde a criterios de estacionalidad que permitan realizar una comparación interanual». También rechazaron una posible vinculación entre la pandemia y el incremento de muertes ya que ante el «elevado número de PCR» practicadas «es poco probable que haya fallecimientos por COVID-19 no diagnosticados. Las comunidades facilitamos datos reales de fallecidos según el procedimiento y criterios establecidos por el Ministerio», completaron.
En el agregado nacional, esa misma realidad la confirma el Instituto de Salud Carlos III, que elabora el informe 'MoMo', un sistema de monitorización de la mortalidad diaria a partir de los datos que recibe de los registros civiles informatizados del Ministerio de Justicia. En él compara las muertes con la media de las acontecidas en los últimos ocho años (defunciones estimadas) y en sus últimas conclusiones apunta que se ha producido «un exceso de mortalidad por todas las causas a nivel nacional del 20 al 27 de marzo del 2020 de un 26%» llegando a duplicarse en algunas comunidades autónomas, cuyos datos son presentados pormenorizadamente. Sin embargo, la situación de La Rioja no se analiza dado el «notable» retraso en la notificación de defunciones en el registro civil, sostienen desde el instituto.
¿A qué se debe esa demora? Desde el Palacio de Justicia relativizan esa realidad y explican que en la situación de «servicios mínimos» en que se encuentra el Registro Civil (un único funcionario trabajando de una plantilla de ocho) «pueden pasar dos o tres días» hasta la inscripción. Desde el departamento de Justicia del Gobierno regional, por su parte, trasladan cualquier responsabilidad del retraso a la sede judicial.