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Un «chute de energía» tras el horror


Dolor, desesperanza, impotencia, muerte... Han sufrido, han derramado lágrimas y, sobre todo, han trabajado sin descanso y conjurados para no rendirse. Tras casi tres semanas de desengaños y derrotas, los héroes y heroínas de la UMI del hospital San Pedro volvieron a llorar el lunes, fue una congoja incontenible, un llanto de alegría y esperanza por la recuperación del primer paciente de coronavirus, el vecino de Santo Domingo extubado esa mañana, cuya sonrisa barrió como un huracán de esperanza toda la primera planta del complejo hospitalario. Queda mucho por hacer, pero el primer «chute de energía» ya ha llegado al servicio, según confesaban ayer cuatro de sus trabajadoras a Diario LA RIOJA.
«Ahora estamos un poquito más esperanzados porque los comienzos fueron muy duros, todo lo veíamos negro, no hacía más que bajar gente para intubar y murió mucha gente. A mí me recordaba totalmente a un hospital de guerra porque era imposible atender a los pacientes con los criterios de calidad a los que estamos acostumbrados en un servicio de élite como es la UMI», explicaba Ana Belén. «Esa extubación ha sido el único momento de alegría que hemos vivido entre tanto dolor, pero además parece que ha empezado a disminuir la afluencia de pacientes al servicio. Ojalá no sea un espejismo», añadía la enfermera, que achaca los éxitos «al esfuerzo del personal, de todos los profesionales, que estamos quitando horas a nuestra vida y a nuestras familias; sobre todo nuestra supervisora, Pilar Espinosa, que ha trabajado como una jabata mañana y tarde de lunes a domingo para organizar todo y que no nos faltara material de seguridad».