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Crisis política en Madrid con riesgo de moción de censura a Díaz Ayuso


“No puede ser que el Gobierno de la Comunidad de Madrid esté en plena fase autodestructiva y nosotros no estemos ayudando a su demolición”. La frase es de un cargo intermedio del PSOE-M, pero resume el sentir que se vive estos días en el partido de la rosa en la capital. En el PSOE madrileño se multiplican las voces que critican la tibieza de su portavoz parlamentario, Ángel Gabilondo, en su oposición al Ejecutivo de Isabel Díaz Ayuso tras la aparición de un protocolo de actuación durante la crisis del coronavirus que desaconsejaba la derivación de ancianos procedentes de residencias a los hospitales de la región.
No es que Gabilondo esté cuestionado, ni mucho menos. No en vano fue el vencedor de las pasadas elecciones autonómicas –rompiendo una racha de varias décadas de derrotas socialistas– y solo el acuerdo de derechas firmado por PP, Cs y Vox le privó de llegar a la presidencia. Pero se le requiere a dar un puñetazo en la mesa que dificulte la travesía parlamentaria de Ayuso en la Asamblea de Vallecas ya lastrada de por sí por sus desavenencias con el partido naranja, socio de coalición.
Así es como el exministro de Educación ha sido conminado en las últimas 48 horas desde diversos flancos de la planta noble de Ferraz a mostrar colmillo. Se le pide que haga de contrapeso de una Ayuso que se ha erigido en un verdadero ariete del PP, con un recetario de medidas neoliberales, como contrapoder al Gobierno de Pedro Sánchez. Y Gabilondo ha tomado nota, instando a la presidenta regional de Madrid a cesar a su consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, por la gestión de las residencias de ancianos durante la crisis del coronavirus y amagando con presentar una moción de censura. En la escala de embestidas del Partido Popular o de Vox, esto es poco menos que un inofensivo arañazo. Pero en el historial de Gabilondo, es todo un hito. Porque maneja “unos tiempos y unas formas de otra época”, señalan fuentes socialistas, “de cuando no se legislaba ni se hacía oposición a golpe de tuit”.
La envolvente del PSOE a Ayuso no acaba ahí, ya que la idea es alternar las ofensivas de Gabilondo con embestidas con el sello de Moncloa, como la que el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, dirigió ayer contra la presidenta madrileña denunciando que “lo visto en las residencias de Madrid es un escándalo, si es que no es un crimen”.
Aún es pronto para calibrar el éxito de la estrategia, pero Ayuso ya ha notado las primeras sacudidas y ayer se apresuró a rechazar tajantemente cualquier posibilidad de adelantar las elecciones y abogó por “seguir trabajando” junto a Ciudadanos. Ahí entra en juego la segunda derivada de la operación y para la que al PSOE tampoco le interesa que el estilo de Gabilondo pierda toda su esencia: la moción de censura. El reparto de escaños obligaría al PSOE a sumar tanto a su izquierda como a su derecha, tejiendo un hipotético pacto que sentara a la mesa a Ciudadanos, Más Madrid y Unidas Podemos. Una ecuación que no ha prosperado en ninguna gran plaza como es la Comunidad y que solo el buen hacer de un portavoz sin enemigos y respetado por el conjunto de colegas del Parlamento, como es el caso del socialista, podría llevar a buen puerto.