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El alarmante estado de la España que viene


Salimos del estado de alarma cuando se disparan los motivos para alarmarse ante la España que viene: económicamente enferma (“está en la UCI”, según Antonio Brufau, presidente de Repsol), socialmente explosiva, políticamente inestable y sanitariamente amenazada por un contrataque del coronavirus. Es la nueva normalidad, tras cien días de profiláctico cautiverio.
Dice Sánchez que lo peor ha pasado. No es cierto. Lo peor está por llegar. Galopa sobre el miedo a una segunda oleada del virus y las desalentadoras cifras de paro y pobreza, el desplome de los ingresos fiscales del Estado, el hundimiento del PIB y los insoportables niveles de deuda pública (el impuesto de las nuevas generaciones). Es el escenario descrito en todas las previsiones de los organismos nacionales e internacionales.
"Lo peor empieza ahora. Galopa sobre el miedo a una segunda oleada del virus y las desalentadoras cifras de paro, pobreza y hundimiento del PIB"
El miedo al rebrote se junta con el miedo al paro. Un sondeo de Sigma Dos desvela que la mitad de los españoles con trabajo temen el despido. Y es imposible que los índices de cobertura del ya vigente ingreso mínimo vital (850.000 familias) tapone las nuevas heridas de la sufrida clase media. Sin negar los problemas venideros, el Gobierno señala una diferencia respecto a la crisis del 2008: “Esta vez contamos con el apoyo europeo”, dijo el presidente en su comparecencia del sábado.
Tiene razón si sus planes se ajustan a la política europea. Y no la tiene si presenta en Bruselas unas cuentas públicas marcadas por las propuestas de Podemos y ERC. Si tan importante es la ayuda europea para remontar, como dice, la vía política ha de ser necesariamente la complicidad de Ciudadanos, sin llegar a la asociación. Siempre que no reviente la coalición PSOE-UP. No lo haría, porque ni Sánchez ni Iglesias tienen la menor intención de dejar el poder y tirar las monedas al aire.
La aprobación de los PGE en el otoño pasa por el apoyo del partido de Arrimadas (10 escaños), no el de ERC, si realmente se quiere asegurarse los aproximadamente 145.000 millones de euros en créditos y transferencias del fondo de recuperación de la UE. Esa es, a mi juicio, la clave de la gobernabilidad. El resto lo aportaría el pragmatismo del PNV, que ya sumó sus votos a los de Cs en apoyo de los anteriores PGE, los de 2018 ¿Por qué no iba a hacerlo ahora si Moncloa cumple lo prometido en sus pactos bilaterales?
Con PNV y Cs, Sánchez estaría a cuatro escaños de sacar los PGE con mayoría absoluta y desactivar a ERC, que asegura tener la llave de la gobernabilidad
Si ustedes van echando cuentas descubrirán que Sánchez estaría a cuatro escaños de sacar adelante los PGE con mayoría absoluta (Errejón y Revilla, por ejemplo) y apagar el farol a los dirigentes de ERC, hartos de repetir que tienen la llave de la gobernabilidad porque la Legislatura depende de sus 13 escaños, mientras instan a Sánchez a elegir entre ellos y CS por declarada incompatibilidad recíproca.
Aún pendientes de la luz verde a los dineros de la recuperación europea y en vísperas de la convalidación del decreto-ley sobre la llamada nueva normalidad, vigente hasta que una vacuna permita dar por extinguida la pandemia, el Gobierno está en fase de airear el salmo “España debe entenderse con España”, declamado por su presidente en una enésima llamada a la unidad, tan retórica como las anteriores. Solo en el caso de Cs predica con el ejemplo, aún sin resultados concretos.
Respecto al PP, que nadie le pregunte si piensa descolgar el teléfono para hablar con Pablo Casado porque entonces se pondrá a silbar melodías. Le interesa seguir empujándolo hacia Vox y los acuerdos con Cs le ayudarían en el empeño.