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Feijóo emula a Fraga al encadenar su cuarta mayoría y el BNG liderará la oposición


Alberto Núñez Feijóo ha logrado reeditar su mayoría absoluta en Galicia, la cuarta que encadena desde 2009, cerrando además la puerta de entrada en O Hórreo tanto de Vox como de Cs. El candidato del PP engorda su mito de la “invencibilidad” y, como ocurría con su predecesor en el PP gallego, Manuel Fraga, se consolida hasta el punto de pretender erigirse en sinónimo de Xunta de Galicia. Feijóo replica a Fraga al afrontar su cuarta legislatura e incrementando incluso un escaño hasta sumar 42 al 83% escrutado (la mayoría está en los 38).
La líder de la oposición será Ana Pontón, del BNG, al experimentar una espectacular subida de los seis representantes en el parlamento gallego a 19 escaños. Galicia en Común, la candidatura liderada por Unidas Podemos sufre un total descalabro al quedarse sin representación, aunque a estas horas de la noche podría arañar un escaño por Pontevedra, tras haber sido segunda fuerza en 2016. El PSdeG se estanca, repitiendo sus resultados de hace cuatro años, con 14 escaños, lo que lo sitúan a una distancia de cinco de los soberanistas gallegos.
R. M
Para alcanzar estos resultados históricos, Feijóo ha virado desde unos inicios más centrados en la austeridad para corregir el "régimen de despilfarro" del bipartito y la lucha contra su “imposición del gallego”, a un mensaje moderado, con tono galleguista y alejado de las siglas de su partido. Una buscada transversalidad y pretensión de adoptar un acento regionalista, aunque limitándose a lo simbólico, que contrasta con la estrategia imprimida desde Génova. El tren a Madrid que el barón popular declinó tomar en el último congreso del PP, donde acabó apoyando a Casado, podría volver a ser una opción apetitosa a medio plazo para los sectores del PP que apuestan por una estrategia menos beligerante para volver a conquistar la Moncloa.
La principal sorpresa de la noche ha sido la conquista del BNG de la segunda posición y, por tanto, del liderazgo de la oposición por parte de su candidata Ana Pontón. Su fórmula ha sido la renovación generacional y discursiva, aupando unas tesis más inclusivas y transversales que fueron dejando atrás, poco a poco, algunas de las tendencias dogmáticas de los viejos profesores del BNG. Con todo, ha tratado de conciliar el alma más ortodoxa del BNG con las pulsiones más modernizadoras, imprimiendo una mirada menos paternal y menos profesoral a las clases populares.
Iván Gil
La líder del BNG ha evitado durante estas últimas semanas aparecer como apadrinada por los históricos del nacionalismo gallego, haciendo una campaña de proximidad en la que arrancó acompañada de sus padres como sus principales referentes, lo que escenificó tomando café junto a ellos en la casa del pueblo de 370 habitantes que la vio nacer. Un disruptivo arranque de campaña, en la que también ha priorizado el eje social al identitario, tanto por el contexto de crisis económica y sanitaria como por la necesidad de recuperar los trasvases de votos a la coalición Galicia En Común (En Marea, en los anteriores comicios).
La que sería la cuarta vida del BNG, tras el beirismo, la etapa del bipartito en la Xunta con Anxo Quintana como vicepresidente y la búsqueda de la supervivencia con Xavier Vence al frente, tras la ruptura de 2012 y fallidas experiencias como Nós-Candidatura Galega, está ya en marcha.
Los socialistas obtienen un suspenso en su primer test con las urnas tras la gestión de la crisis del coronavirus, al no lograr capitalizar la caída de los morados en las urnas ni la presidencia de Pedro Sánchez del Gobierno, quien se volcó en esta campaña electoral. El PSdeG se mantiene en sus mismos escaños que hace cuatro años, pero descendiendo un 2% en número de apoyos. La movilización del electorado progresista se ha decantado mayoritariamente por el BNG, lo que supone un castigo a la gestión durante estos meses del Gobierno de coalición formado por socialistas y morados.
El PSdeG se mantiene en sus mismos escaños que hace cuatro años, pero descendiendo un 2% en número de apoyos
El descalabro de Galicia en Común pone de relieve que, seis años después de la irrupción electoral de Podemos en las elecciones europeas, la implantación territorial de esta organización, todavía inmadura y fuente de conflictividad interna, sigue siendo uno de sus principales retos pendientes.
Durante los últimos cuatro años, En Marea vivió una tormentosa legislatura con divisiones del grupo parlamentario y salidas hasta desembocar en la ruptura electoral, presentándose este domingo por un lado Galicia en Común (Podemos, EU, Anova y las mareas municipalistas) y Marea Galeguista, los herederos de la marca, por otro. Estos últimos no han logrado obtener representación, al quedarse lejos de alcanzar la barrera del 5% necesaria para entrar en el Pazo do Hórreo. Tampoco ha ayudado que el candidato de Galicia en Común, Antón Gómez-Reino, arrancase la campaña con un índice de desconocimiento entre el electorado gallego del 49%, según el CIS, el mayor entre los candidatos con opciones de representación. Desde Unidas Podemos trasladan el mensaje de que se vota diferente en generales y autonómicas, sin embargo, este 12-J evidencia que más allá de no capitalizar su presencia en el Gobierno de coalición, la formación sale castigada.

Galicia sigue siendo un territorio vetado para las opciones recentralizadoras de Ciudadanos y, sobre todo, de la extrema derecha de Vox. Ambos partidos se han quedado fuera del parlamento gallego. El candidato de Vox por A Coruña -la formación no presentó formalmente candidato a la Xunta-, Ricardo Morado, centró su discurso en clave estatal repitiendo las ideas fuerza que utiliza Santiago Abascal para arremeter contra el Gobierno de coalición y abiertamente antiautonomista, tildando incluso de nacionalista al líder del PP. Una estrategia más centrada en ganar votos fuera de Galicia que en la propia comunidad, donde se presentan como víctimas de las "imposiciones nacionalistas" con vistas a trasladar esta idea al resto de España.