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Dentro del avispero: Una década siguiendo el curso de la fortuna de Juan Carlos I


El 13 de abril de 2012, fecha del accidente de Juan Carlos I en Botsuana, marcó un antes y un después: España antes del descubrimiento de Corinna (a. C.) y España después del descubrimiento de Corinna (d. C.). Juan Carlos I nunca se recuperó de aquello, entre otras cosas, porque España descubrió ese día demasiadas cosas de golpe: una cacería africana en plena crisis, una vida real desahogada y la existencia de una amante alemana de la que (casi) nadie había oído hablar. Estupor absoluto para (casi) todos...
24 horas antes del accidente que lo cambió todo, El Confidencial publicó una información titulada: "Una princesa amiga del Rey negoció en su nombre ante un multimillonario saudí". Una foto de Corinna y Juan Carlos abría el siguiente texto: "La princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein, amiga del Rey, negoció en nombre de Don Juan Carlos ante el príncipe saudí Alwaleed bin Talal Alsaud, que posee una de las mayores fortunas de su país... El multimillonario, sobrino del rey de Arabia Saudí, recibió en 2007 a la princesa Corinna... en calidad de 'representante de Su Majestad el Rey Juan Carlos de España'". La Casa Real aseguró "no tener constancia" del asunto pero, según el artículo, Corinna pasaba "largas temporadas en España" y había sido "vinculada sentimentalmente con el Rey". Al día siguiente, Juan Carlos I resbaló en África. Dos días después, (casi) toda España se enteró de la existencia de Corinna.
© Proporcionado por El Confidencial
José L. Lobo
Pero el valor del artículo no fue tanto desvelar la pareja, como anticipar el tipo de relación que tenían: Corinna no era solo la amante del Rey, sino su compañera de negocios, doble juego que acabaría por reventar la relación, con las consecuencias conocidas por todos (abdicación, bronca por el reparto del dinero de la pareja, ruptura, filtración sobre la fortuna real en Suiza, investigación judicial, escándalo político y Emérito autoexiliado).
Los lectores de El Confidencial colgaron decenas de comentarios a la novedosa noticia sobre Corinna y el Rey. Comentarios que entonces parecían libelos y ahora proféticos: "Que esta señora haga lo que hacía Manolo 'qué hay de lo mío' Prado y Colón de Carvajal pues es asunto suyo, y si por medio andan comisiones... al final pagará el españolito de a pie...".
Otro lector escribió: "Esta es su querida de hace varios años, la tiene viviendo por la zona de El Pardo". Esa misma información había llegado mucho tiempo antes al periódico de fuentes solventes: que el rey tenía una amante y se estaba reformando una casa en El Pardo para alojarla. Sin más pistas. (Corinna aún no tenía nombre). Dos reporteros se fueron al pueblo de El Pardo a buscar chalets en obras a ver si sonaba la flauta. No tuvieron éxito por un motivo muy sencillo: la casa no estaba exactamente allí: "Dimos por hecho que la casa estaría en el pueblo. No se nos pasó por la cabeza que estuviera dentro del recinto de El Pardo". En efecto, Corinna y su hijo pasaron varios años viviendo en una finca (La Angorrilla) con acceso directo a Zarzuela (que se dice pronto), pero el lugar no se desveló hasta abril de 2013, en una exclusiva de 13tv, 11 meses después del accidente de Botsuana.
O la dificultad de buscar una aguja en un pajar.
Tampoco fue fácil seguir el rastro de los dineros suizos del rey. En 2013, El Confidencial publicó una serie de informaciones calientes sobre el gestor suizo del rey, Arturo Fasana, como que pagaba los jets de Corinna para viajes de negocio y placer, gestionaba una cuenta (Soleado) para ocultar los fondos de grandes fortunas españolas y visitaba Zarzuela de vez en cuando. Los artículos generaron amenazas judiciales en Suiza que ralentizaron las pesquisas periodísticas.
El Confidencial también adelantó detalles clave sobre la cacería en Botsuana, y la exclusiva de la abdicación de Juan Carlos I el 2 de junio de 2014.
© Proporcionado por El Confidencial
Nacho Cardero
Llegados a 2020, tras abrirse una investigación judicial en Suiza sobre el sospechoso origen de la fortuna real, el periódico británico 'Daily Telegraph' publicó varias informaciones de impacto sobre la fortuna real. El Confidencial se subió a la ola con artículos sobre los movimientos de las cuentas suizas, el trasiego de viajes a España con maletines (otra vez Fasana de visita) para llevar 'cash' a escondidas al rey emérito (100.000 euros al mes entre 2008 y 2012 para cubrir los gastos de la familia real), o el extraño regalo al monarca de un ático de 62 millones de euros en Londres.
El autor de estas exclusivas, José María Olmo, dijo en una charla con los lectores: "El poder de la Casa Real hasta hace poco era inconmensurable. Tenía una capacidad brutal de llamar por teléfono a las grandes empresas del Ibex 35 para pedirles que no pusieran publicidad en un medio concreto porque ese medio había publicado una información que no le gustaba. Esto ha ocurrido en este país durante mucho tiempo". Pero a medida que la monarquía entraba en crisis y más medios se sumaban a la tarea de investigar (tras décadas de autocensura reconocida ahora por la profesión), la capacidad de presión real ha descendido.

Una década siguiendo el turbulento curso de los dineros de Juan Carlos I.