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El PDeCAT sube la apuesta y demanda a los de Puigdemont por el nombre de JxCAT


El PDeCAT sube la apuesta. Nadie daba dos duros por David Bonvehí pero la silla de ruedas del actual presidente del partido está resultando más correosa de lo previsto. El PDeCAT ha demandado al nuevo partido de Carles Puigdemont por apropiarse el nombre de JxCAT. Y, según ha adelantado el diario Ara, piden medidas cautelares con lo que Puigdemont podría quedarse sin su marca electoral a las puertas de ir a las urnas, lo más valioso que tiene hasta el momento ya que, por ahora, carece de candidato. Por eso el de Waterloo quiere tiempo y retrasar las elecciones lo máximo posible. Si Puigdemont aspiraba a rendir al PDeCAT por agotamiento, ahora sabe que el precio de esa operación será más caro de lo que preveía.
Fuentes del PDeCAT explican que se espera que mañana lunes Bonvehí anuncie de manera oficial que el partido concurrirá por separado con las elecciones catalanas. Por tanto, órdago de todo o nada. No se sabe si hará público el nombre de su candidata, la conseller de Empresa, Àngels Chacón. Una parte de JxCAT lleva todo el verano pidiendo una crisis de gobierno para forzar la salida Chacón del ejecutivo catalán y así restarle visibilidad del cartel electoral. Por ahora, ERC está frenando estas pretensiones. Pero la política catalana viaja por sendas inexploradas en este momento. Y Torra ha vuelto a hacer las paces con Puigdemont así que puede pasar cualquier cosa.
Marcos Lamelas. Barcelona
Según explican fuentes internas del partido, una parte del PDeCAT está incómoda con la firmeza de Bonvehí, deseosos de confluir con Puigdemont y cerrar esta crisis aunque sea en falso. Pero la dirección del partido se ha conjurado decididos a no dejarse humillar. Como represalia, los senadores de JXCAT, liderados por el hombre de confianza de Puigdemont, Josep Maria Matamala, se han dado de baja del PDeCAT. La guerra es abierta y la confluencia entre las dos formaciones parece más lejos que nunca.
Una parte del PDeCAT está incómoda con la firmeza de Bonvehí, deseosos de confluir con Puigdemont y cerrar esta crisis aunque sea en falso
El juez ha convocado una vista para la próxima semana. Y las cautelares se decidirán muy rápido. En su demanda el PDeCAT argumenta que el cambio de manos del nombre de JxCAT se realizó a través de una asamblea fraudulenta. Laia Canet, trabajadora del PDeCAT que había registrado el nombre, cambió de bando y aseguró que había hecho una asamblea telemática para aprobar traspasar la marca a tres personas de la órbita de Puigdemont: el alcalde de Balenyà, Carles Valls; la exmiembro de la dirección del PDeCAT Montserrat Morante, y la exsecretària de la ANC Irene Negre. Pero esa asamblea telemática nunca se llevó a cabo según han confirmado otros trabajadores del partido. De manera que el PDeCAT alega que el traspaso de la marca fue fraudulento.
Un nombre irónico
Que todo el soberanismo se esté peleando por el nombre Junts per CAT –juntos por Cataluña– no deja de ser irónico cuando están menos juntos que nunca. Los tres partidos que hay ahora en el Parlament pueden convertirse en cuatro o en cinco, si al final el PNC de Marta Pascal logra entrar en la cámara catalana. Pero Puigdemont se vende a sí mismo como adalid de la unidad. Y eso es lo que evoca el nombre y por eso es tan importante.
El soberanismo pelea por el nombre "Junts", juntos, cuando están más desunidos que nunca y cuando las formaciones se van fragmentado cada vez más
JxCAT fue la marca electoral que escogió Puigdemont para presentarse a las elecciones de diciembre de 2017, las que ganó a ERC. Evocaba a JxSí, la coalición verdaderamente unitaria que agrupó a ERC y a CDC para convocar la consulta del 1-O. JxCAT nacía como vehículo para sumar al PDeCAT con un nutrido grupo de independientes, como Laura Borràs. Ahora estos independientes ya no lo son, se han integrado en la nueva JxCAT, la misma marca que sus promotores pueden perder si la demanda judicial ahora presentada prospera.
Grupo parlamentario
Así que, mientras tanto, JxCAT sólo ha funcionado como un grupo parlamentario, tanto en el Parlament como en el Congreso y el Senado. Ha tenido los ingresos que provenían de estas actividades, básicamente ayudas públicas, que en buena parte tenían que destinarse al PDeCAT, para asumir las deuda de la antigua CDC, ahora en liquidación. Pero todas las partes, el PDeCAT y los independientes, se habían comprometido a no usar JxCAT como marca electoral sin un acuerdo conjunto. Un pacto que rompió Puigdemont cuando montó su nueva formación y le puso el mismo nombre.

Pero, por otra parte, el PDeCAT se desangra. Los primeros en cambiar de bando fueron los exdiputados Josep Rull y Jordi Turull. El partido había estado pagando a las familias de los dos encarcelados y luego condenados por el Supremo. Pero luego, a la primera de cambio, ambos se pasaron a la nueva formación de Puigdemont con armas y bagajes. Y ese es en esencia el plan de Puigdemont, alimentarse de las deserciones del PDeCAT, hasta que el partido en el que todavía milita, se quede en los huesos. Para eso necesita tiempo. Tiempo y un nombre. Lo del nombre, ahora, pende de un hilo.